jueves, 13 de noviembre de 2014

La macdonalización de la literatura

George Ritzer es profesor de sociología en la Universidad de Maryland, ha publicado varios títulos sobre esta disciplina, y es el responsable del término, tan raro, de la "macdonalización" con el que abro este artículo. Ritzer argumenta que la sociedad macdonalizada se parece a un sistema de "jaulas de hierro" (que decía Weber) en la que todo está sometido a la misma máxima: aquella en la que se basan los restaurantes de comida rápida tipo McDonald. En la gestión de estos simpáticos establecimientos, su regla de oro es lograr estos cuatro principios: la eficiencia, todo debe hacerse rápidamente; la calculabilidad, los productos se producen para la  masa en función de un cálculo; la uniformidad y la capacidad de predicción, nada se deja al azar; y el control a través de la automatización. Es la racionalización máxima del negocio de la restauración. Pero esta forma de organización se puede aplicar también en muchos otros ámbitos de la sociedad.
 
Ritzer afirma asimismo (véase el documental Super Size Me) que los sistemas macdonalizados estructuran nuestras vidas por nosotros. Un restaurante tipo McDonald no necesita una persona creativa al mando, ni sirviéndote la hamburguesa, tampoco necesita una persona creativa que se la coma. Lo único que necesita son hombres y mujeres acostumbrados a las rutinas. A seguir un guión. Personas que busquen comer rápidamente. Y al final el que debería ser el objetivo primario de un restaurante, alimentar a una persona de forma saludable y agradable, termina subvirtiéndose peligrosamente: da igual cómo y qué comas. Y esto se traslada a otras facetas de nuestra vida: decenas de restaurantes siguen esta misma estrategia de organización (¿a cuántos puedes ir donde vives que no sigan el sistema eficaz, rentable y totalitario de una franquicia similar?), los gimnasios en treinta minutos, infinidad de tiendas, Twitter, los grandes supermercados... Incluso el sistema educativo (¿qué es Bolonia sino una forma de aplicar un sistema eficaz, más rentable y estandarizado al ámbito universitario?) o el diseño urbanístico (¿qué son las nuevas urbanizaciones de pisos sino hamburguesas de ladrillo con el mismo diseño eficaz, lucrativo y controlado?) se han amoldado a este tipo de organización.
 
Ritzer sigue argumentando en esta entrevista que la humanidad es en esencia creativa y que estos sistemas tan restritivos y controladores impiden a las personas desarrollar dicha facultad. Bajo su yugo, no podemos ser creativos. Incluso nos acostumbramos a no serlo. Al final, los sistemas macdonalizados pueden terminar reemplazando por robots no humanos a los humanos que por arte de la macdonalización han sido previamente convertidos en robots, cuya diferencia fundamental hasta ahora con la especie humana era, en esencia, la ausencia de creatividad.
 
Quizás sea esta una paranoia de Ritzer. Pero yo no puedo dejar de ver en el fenómeno de la publicación independiente cierta macdonalización. La creación literaria surge como los níscalos en otoño, se crean y se publican las novelas con gran rapidez, del modo más eficiente posible, en algunos casos incluso a un ritmo de hasta tres novelas al año; son creaciones uniformes, ideadas para repetir modelos que funcionan, se crea aquello que se ha vendido: si son Las sombras, cien mil novelas protagonizadas por mujeres a las que les encanta que las sacudan; si es Crepúsculo, veinticinco secuelas con lobos y vampiros enamorándose de jóvenes incautas. En estas obras nada se deja al azar. Y el control está garantizado gracias a la automatización de los sistemas de publicación. Además, lo mismo puede aplicarse a la lectura de este tipo de novelas: compramos a un euro y "consumimos" la novela con rapidez. Parece que se desean lecturas rápidas, que no nos hagan pensar y que solo nos entretengan. Incluso en el II Congreso del libro electrónico llegaron a afirmar, disculpadme porque no recuerdo quién lo hizo, que la forma de leer en ebook, y en Internet  en general, promueve un cambio neuronal que favorece la lectura en diagonal, a saltos, y deteriora la capacidad de centrar la atención. Vamos, que novelas como Guerra y paz están muertas. Por tanto, algunos autores que quieren publicar en digital están empezando a huir de las novelas así, largas y complejas. Cien páginas sencillitas y a otra cosa. Yo creo que se equivocan, que el lector de digital es el mismo que el de papel e incluso más exigente a veces: lee mucho, por eso desea comprar más barato.
 
No sé qué opinarás tú, pero yo estoy de acuerdo con Ritzer: la macdonalización es enemiga de la creatividad. Si eres creativo, te gusta que te sorprendan al comer y también intentarás ser creativo al cocinar. En el mundo de la literatura, la macdonalización tiene igualmente un doble sentido: el máximo creativo debería ser el escritor, pero el lector debe serlo del mismo modo o no apreciará esa creación original. Por eso, porque para mí la creatividad es uno de los rasgos más valiosos de la naturaleza humana, cuido tanto mis novelas. Estudio literatura y escribo lo que deseo, sea eficaz o no. Porque defiendo no hacer de la herramienta el fin, y no pienso permitir que los sistemas macdonalizados que nos están metiendo en jaulas de hierro conviertan mi literatura en un gimnasio de los de machácate en treinta minutos. ¿Puede ser comparable ese tipo de ejercicio a correr por el parque pisando las hojas caídas de los árboles y oliendo a lluvia o a reunirse con los amigos  a jugar al pádel y terminar ante una caña y un aperitivo de los de verdad?

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