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Mostrando entradas de enero, 2012

Escrita en tu nombre: capítulo I (II)

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Continuación

Creo que es en eso en lo que al hacernos adultos más cambiamos. Con diecisiete años yo creía en el amor platónico. Ahora sé que sin el otro, el amor real está incompleto. Y es posible que Rodrigo, el de mi instituto, hubiera podido enseñarme entonces ya esto, si le hubiera dejado. Porque en los cinco días que duró la excursión a las playas malagueñas ―y es que hay que ver lo pobres que éramos entonces― en los que no dejó de llover, hablamos, nos reímos y nos escapamos a ver el amanecer en la playa, tumbados sobre una manta y helados hasta las pestañas, aunque felices, quizá de estar juntos. Pero él era tímido y yo idiota. Y volvimos sin saber muy bien qué había pasado ni qué podría pasar. Hasta que, de nuevo en uno de esos bailes de música lenta en la discoteca de regreso en Madrid, me pidió salir. Aquello constituía el primer p…

Escrita en tu nombre: capítulo I (I)

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LAS QUE REDIMEN

Cloto, Láquesis y Átropo eran hijas de Zeus y de Temis, o podía ser también que fueran hijas de la Noche y que hubieran tenido la suerte de engendrarse a sí mismas, o la mala suerte; ni siquiera ellas podían saberlo. Y a pesar de la diferencia de edad, se llevaban muy bien, porque si ellas, que se suponía que decidían el destino, no se llevaban bien ¿quién iba a hacerlo? A lo mejor congeniaban tanto porque habían pasado miles de años siendo el paño de lágrimas de esos irresponsables humanos y eso unía mucho. No todos eran iguales, tenían que reconocerlo. Algunos eran más irresponsables que otros. Incluso hubo un tiempo en que fueron mucho peores. También había bajado la cantidad de ofrendas y de oraciones que les dedicaban y de vez en cuando las dejaban un poco en paz, porque, cada vez más, los seres humanos se iban dando cuenta de que aquello no dab…