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Marta Sanz: seminario "La novela española del siglo XXI y por dónde continuamos"

Hay personas que te caen bien solo observando el modo en que se soplan el flequillo. Marta Sanz se sopla el flequillo con frescura y atrevimiento, también con sorna. Necesita mirarse el flequillo para dar tiempo a que la timidez se evapore. O quizás no, ¿quién soy yo para saber si Marta es tímida? Pero a mí me lo pareció. En realidad, me pareció una chiquilla de cuarenta y medio, una niña entre divertida y asustada. Y me encantó en cuanto abrió la boca y la timidez, entonces sí, se disolvió en un discurso aterrador para una madre que valora la cultura y se siente imbécil siendo ella misma, sin ayuda ninguna por parte del sistema educativo, quien intenta inculcar el valor por la lectura en sus hijos y se niega a comprarles deeses ni artilugios semejantes mientras no hayan interiorizado que leer y escribir para crear mundos propios es lo único que luego, cuando se conviertan en padres tan inseguros como lo soy yo, les servirá para intentar inventarse su propia vida y trasladarles el mundo a sus propios hijos.

Pero vuelvo a Marta, que yo importo poco en esto. Brillante, de nuevo; inquieta, de nuevo; sencilla, de nuevo; y muy simpática. Empezó tirando los cacharros por el suelo: "La cultura ha dejado de ser algo que intervenga en la sociedad y hay un desprestigio sistemático del conocimiento". Toma ya. El escritor, en su opinión, ha dejado de tener crédito y está para entretener y divertir, así que ella escribe lo que cree que debe escribir. Sin embargo, de todos los autores asistentes al seminario, ella fue la que me pareció más segura de su función como interviniente en la sociedad, a pesar de su premisa pesimista sobre dicho papel, y la que seguía intentando ejercer dicha función, pese a los molinos de tamaños de rascacielos. Es una Quijota y su lanza son sus libros. Habló sobre los discursos ideológicos y los otros que no lo son y se asumen como tales y luego pasó a explicar su experiencia con sus novelas. Me gustó saber que lo biográfico sí puede llegar a formar parte de una novela y tener éxito, y que alguien lo afirme tan maravillosamente y sin complejos como ella lo hizo. Con miles de novelas de templarios ocupando las estanterías del Corte Inglés, a ver quién es el guapo que habla de que un personaje siempre tiene algo de su autor y mucho de sus amigos y enemigos. Es la especifidad que otros autores del seminario mencionaron también; lo que te hace diferente en tu escritura eres tú mismo, lo propio, lo tuyo. A Marta le interesan los libros de cuya lectura sale con la sensación de no haber quedado indemne, que le hayan removido la conciencia.

También afirmó la autora que el escritor debe tener capacidad de observación y, sobre todo, persistencia. PERSEVERANCIA, que decía la mujer de Bértolo. La del escritor es una carrera de fondo, sin paradas y con la meta cada vez más lejos aunque la veas cerca porque cada libro es un nuevo hito en tu camino. Y, en otro orden de pensamiento, señaló que la dimensión política de una obra se desactiva cuando se ofrecen al lector libros previsibles, para que se sienta bueno y tranquilo. Ella siente que debe repensarse a sí misma y le parece una contradicción escribir un libro de denuncia que no coloque al lector en un reto. Su explicación sobre el proceso de creación de Black, Black, Black me pareció muy interesante sobre todo en la elección de los mecanismos narrativos. En primer lugar, se basó en una novela negra, pero rompió un poco su código para conseguir un efecto en la transmisión de su mensaje. Es este un género muy codificado y ella intentó alterarlo de varios modos, rompiendo la dinámica de la narración o usando el discurso como mecanismo de poda y retórico, por ejemplo.

Me gustó Marta Sanz y, además, produjo en mí una curiosa reacción: ahora necesito escribir una novela negra. Al fin y al cabo, soy crítica por naturaleza y durante el seminario entendí que este género literario te dota de los procedimientos narrativos para ejercer la crítica sin meterla a capón. Prométeme que serás delfín será una novela casi negra, mi primera novela negra, aunque intuyo que no la última.

Gracias también a ti, Marta.

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