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Lorenzo Silva: seminario "La novela española del siglo XXI y por dónde seguimos"

Conocer a Lorenzo Silva me ha impactado. Es un hombre íntegro. Vale, ahora me decís que soy una pelota y que qué leches sé yo de cómo es alguien si solo le he visto cinco veces en mi vida. Pues puede que tengáis razón solo en lo segundo. En lo primero ya os digo que no. Yo no he peloteado a nadie nunca jamás y no sé cómo se hace, soy demasiado tímida para eso. Así que puedo seguir diciendo lo que opino sin cortarme. Silva es un hombre íntegro, comprometido con sus convicciones, hasta más allá del punto que es prudente ser en estos días de oleadas vampíricas de corrupción y clientelismo que asolan mi mundo, al menos. Además, es una persona amable y considerada. El último día del seminario, fuimos charlando desde el Círculo de Bellas Artes hasta Atocha, donde ambos seguimos nuestro camino. Y conocerle me ha hecho plantearme seriamente qué quiero yo obtener de la escritura. Y en descubrirlo me hallo.

Pero sigo. Lorenzo intervino varias veces en el seminario "La novela española del siglo XXI y por dónde seguimos", organizada por el Círculo de Bellas Artes y la Universidad Carlos III, como director del mismo:  en su presentación, en la presentación de cada uno de los demás participantes, al final de sus discursos, respondiendo a cuestiones de los alumnos y como colofón. Todas sus intervenciones fueron hechas con pasión, con seguridad, sabiendo de lo que hablaba. Ahora sí que me podéis decir que a ver qué pasa, que me estoy pasando en la efusividad. Pero cuando alguien te marca de algún modo para bien, la imagen que de él queda en tu subconsciente siempre se amplifica, supongo.

Afirmó Lorenzo varias cuestiones que me interesaron. En primer lugar, explicó algo que es bastante simple pero en lo que yo no había reparado: en la idea del público. Comenzaba el escritor diciendo que el autor se enfrenta siempre a una pregunta formulada de diversas formas: ¿para quién escribe? o, de modo más diplomático, ¿cómo elige lo que escribe? Y la respuesta a estas preguntas que en el fondo son las mismas define en mucho el camino del escritor (esto lo digo yo, no él). Algunos dicen escribir para sí mismos mientras que otros escriben para el público. Sin embargo, parece más o menos coherente pensar que ambos tipos de autor, a la larga, tendrán en cuenta al público si desean llegar a tener lectores, ya sean muchos o pocos. Y este ente difuso que es el público, tiene, según Silva, tres vertientes diferentes: el público masivo e impredecible que, por ejemplo, ha encumbrado esta semana una novela a la que la crítica sin embargo pone a parir sobre una relación sadomaso y que otra, esquivo él, hunde en la miseria la nueva novela de un autor hasta entonces amado; el lector exigente, que lee una media de una novela a la semana y tiene el criterio de, como poco, poder comparar con otras novelas y otros autores; y, en tercer lugar, el público especializado o especialista, a saber: profesores, críticos, editores y otros autores.

Pues bien, de aquí extraigo yo la primera enseñanza del día, que es que soy muy corta y no me había dado cuenta hasta ahora: cada autor debe encontrar ese público al que desea dirigirse aparte de a sí mismo porque obvio es, aunque yo aún no lo había pensado en alto, que esos tres tipos de público no son el mismo y, la mayor parte de las veces, lo que a uno maravilla a otro espanta.

Pero la primera intervención de Silva se titulaba "El arte de novelar y la prima de riesgo" y la razón es obvia: todo autor, en su opinión, para escribir grande grande, debe asumir riesgos. Él ponía como ejemplo las novelas que le permitieron dedicarse a escribir. El riesgo de cambiar el registro de la novela policíaca a finales de los noventa para pasar de dar voz a detectives estadounidenses e investigaciones ajenas al contexto español y apostar por dos guardias civiles en una época como aquella fue grande y pareció una locura mientras muchas editoriales le rechazaban argumentando que "no iban a vender" (si quieres conocer más sobre esas novelas, pincha aquí, es la página del propio autor). Pues bien, ese riesgo le permitió poder dedicarse a la literatura. Así que, segunda enseñanza del día: asume riesgos siguiendo tu propio camino.

También habló Lorenzo sobre una característica muy útil, casi imprescindible, del escritor: su autoexigencia. Un autor debe ser su más severo juez, el público no te quiere, no te debe nada y tú debes respetarle por encima de todas las cosas. Por eso, preséntale lo mejor que puedas sacar de ti mismo o abandona. Mira tú por donde, yo siempre he pensado así, menos mal.
Pero la mañana fue larga; antes de pasar al descanso y dejar paso después a Muñoz Molina, Silva habló sobre un libro que os chivo: La obra de arte en la era de su reproducibilidad técnica, de Walter Benjamin (1936). De él extrajo algunas conclusiones interesantes que os invito a que hagáis por vosotros mismos leyendo el librito, sobre todo si os interesa la publicación en formato digital.

Y termino con una de sus recomendaciones, la que nos hizo para llegar a ser grandes contadores de historias: cread escenas sintéticas, con humor o ironía, fidedignas, con intertextualidad, personajes perfectamente caracterizados y singulares; y un par de frases: "La literatura es un espacio abierto y cada novela es nueva para cada uno". "Siempre vuelves a tener las mismas oportunidades".

De nuevo, gracias. Creo que ha sido el seminario en el que más he aprendido en mi vida. Toma ya dos.

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