martes, 3 de julio de 2012

Libertades y otras gaitas: Seminario "La novela del siglo XXI y por dónde seguimos"

Los escritores somos bichos raros, no tenemos los ojos rosas y tres pies, pero casi. Y a mi alrededor no había ninguno a mano. Eso explica que ahora mismo me sienta una ingenua. Releo mi blog y veo lo pueril de algunos de mis comentarios sobre mi anhelo por escribir primero, luego por convencerme de que tengo derecho a ello, luego por publicar, luego por llegar al público de algún modo. ¡Pero qué coño! Pues claro que tengo derecho. Hay otras muchas parcelas de la cultura, la sociedad, la empresa o la economía que nos están vetadas a los pobres mortales sin un antecesor introducido, ilustre o rico: la banca, la farándula, los grandes núcleos de actividad que conforman el poder. Nuestro mundo cercano es una mierda tan grande últimamente que todos conocemos a alguien a quien hayan dejado sin casa los mismos que hace cinco años le animaron a comprársela o a una pareja que, con su hijo de meses y los despojos de su dulce vida anterior, vuelve a casa de sus padres o a alguien a quien echaran para poner de inmediato en su puesto a la mejor amiga de la mujer de su jefe. Despido improcedente, sí, ¿y?... Nada, ¿y?... nada, él a la calle y la otra ocupando su lugar sin pestañear. Y no hablemos de lo que ocurre fuera, porque, paqué.

Muchas facetas del mundo civilizado están reservadas a los enchufados o a los hijos de; casi todas, y antes de la crisis se notaba menos porque había sitio para todos, para los hijos de papá y para los hijos del butanero pero ahora no, ahora solo hay sitio para los primeros. Y vamos y nos jodemos porque es lo que toca en este mundo asqueroso, que en Occidente es, encima, el mejor de los posibles. Voltaire es mi autor últimamente. Y para entrar en la literatura, precisamente, cuenta algo más que el nepotismo o las cadenas de favores, en el arte hay vías alternativas, pocas, pero hay y además de la suerte entra en juego el ingenio y ese es el que tengo que agudizar para conseguir meter la cabeza en una gran editorial. Pero vuelvo, esperad, que ya vuelvo...

Yo empecé en esto tímidamente, pidiendo permiso, creyendo que debía acercarme de puntillas a esa gran editorial para demostrarle lo cojonudo que escribo (al menos para mis lectores) y rogarle que me diera una oportunidad. Me cayó bien Constantino Bértolo, me cayó bien Viginia Fernández; aún me caen, sí es cierto que soy bastante ingenua y además, ¿por qué no voy a serlo? Demasiada mierda hay ahí afuera. Pero ellos me han hecho aprender deprisa. Y el haber conocido a algunos autores famosísimos estos días (en el seminario del Círculo de Bellas Artes sobre La novela del siglo XXI y por dónde seguimos), autores de carne y hueso, con pelo, uñas y chistes malos o buenos, ha hecho el resto. Las editoriales no son ONG, son empresas y en las empresas, ahora, para contratarte a ti, es probable que deban echar a otro, como debía Alberto Olmos. Así que voy a dejar de escribir posts de lástima por mí misma y de búsqueda de la aprobación de otros, voy a dejar de hacerlo porque ya sé que soy LIBRE, libre para escribir como me dé la gana y libre para reivindicarlo, libre para saltarme las normas de la narrativa si quiero y para buscar mi estilo y libre para publicar en Amazon o donde me salga.

Al fin y al cabo, un autor busca lectores y resulta que los he encontrado en la selva amazónica. Por ahora me sirven, porque son reales y muchos teniendo en cuenta el percal: resulta que ese autor promesa que sigue buscando su sitio como tantos otros se quejaba amargamente esta mañana a dos metros de mi bolso de que había vendido solo 500 ejemplares de una de sus novelas, incluso habiendo sido publicada por una gran editorial y que, por eso, él no podía sentirse un escritor del todo. ¿Y yo me quejo? He vendido 400 e-books de "La pintora de estrellas" en tan solo dos semanas. No están en libro, pero es probable que 400 lectores la lean y ¿quién sabe?, es probable también que sigan comprándola un tiempo y que lleguen a convertirse en varios miles. Eso es lo que yo quería, lectores que leyeran mis novelas y ya lo tengo. ¿Qué más da que me lean en e-book o en libro? ¿Es que importa? Esos lectores han comprado mi novela y puede que la lean, eso cierra mi círculo y yo voy a dejar de pedir permiso para ser escritora. Si por el camino encuentro una editorial que quiera publicar mis novelas en libro, bienvenida sea, pero yo dejáre de llorar por ti, Argentina.

Y es que ya puedo decir, al menos según la opinión de Lorenzo Silva que curiosamente establecía también como diferencia esencial entre el autor y el lector que el primero haya llegado a publicar y a vender y el segundo no, que yo SOY autora y que hasta tengo lectores porque ¿solo es autor el que vende en libro? Pues no, ya no.

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