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Agustín Fernández Mallo: seminario "La novela del siglo XXI y por dónde seguimos"


¡Buf! Llegó el principal exponente de la Generación Nocilla y fue una revolución pacífica. Es físico, me pareció sumamente interesante y más brillante todavía, y un tío muy original, o antes lo era; como creo que en esencia Muñoz Molina, pienso que la originalidad es caduca y vence en cada segundo. No le presento porque le conocéis: escribió la trilogía de las novelas Nocilla y con él se hizo la nueva ola de escritores de la posmodernidad española. Pero a pesar del respeto que vi yo en otros autores y el crítico del seminario hacia su persona (además, parece un tío majo), me pareció percibir cierta condescendencia en algunos, un pensar "este chico estaba en el momento justo en el lugar apropiado". Incluso se llegó a afirmar que algunos escritores fragmentarios (a los poco versados en terminología literaria luego os cuento lo que es), lo son porque no son capaces de ser otra cosa. No tengo claro yo eso, sobre todo en el caso de Agustín, tengo la completa certeza de que es suficientemente inteligente y más como para escribir novelas con trama, si quisiera, y en su caso tan solo sea una cuestión estética, como él mismo afirmó en la charla. Si yo fuera él, escribiría una novela con trama que fuera la releche y luego seguiría investigando.

Pero intento explicar esto. Resulta que en teoría literaria, y yo sin tener ni puñe, hay una doctrina de la forma y una doctrina del contenido, es fácil de entender, no os vayáis; en términos sencillos, la doctrina del contenido es la que se crea alrededor de qué es lo que se debe o se puede incluir en una novela, cuál es el tema de la misma; y la doctrina de la forma es algo así como las diferentes tendencias que marcan el modo y la forma en que se escribe y en España ahora mismo hay tres: los escritores argumentativos, que son quienes conceden importancia a los mecanismos de la ficción y al argumento y la trama, la mayor parte de los escritores que acudieron al seminario lo son, sobre todo Lorenzo Silva, Antonio Orejudo y Marta Sanz. Estos autores recogen el guante de los escritores realistas, costumbristas y se asocian, en cierta vertiente de la crítica, la teoría literaria actual y en opinión también de algunos autores como Verdú, con lo pasado, con lo que hay que dejar de lado aunque de esto habría muuuucho que hablar. Luego tenemos a  los escritores fragmentarios, que son aquellos que no quieren escribir de ese modo, que en esencia huyen del argumento y de la trama y del coger al lector de la solapa y engancharle para contar una historia. Agustín es uno de ellos. Hago un paréntesis para decir que me extraña que fuera el primero, teniendo en cuenta la historia de la literatura, yo diría que, si rebusco un poco, encuentro fijo algún griego, romano, indio o iraní que ya lo haría antes, pero él lo hizo el primero en España de forma consciente y también hizo gala de buscar en ello una opción estética adrede con su trilogía de las novelas Nocilla Dream, Nocilla Lab y Nocilla Experience. Su apuesta por una novela distinta le llevó a ser considerado como un excelente poeta y novelista y, en lo que a mí respecta, seguro que lo es. En tercer lugar, dentro de la doctrina de la forma, podemos encontrar a los autores híbridos entre fragmentarios y argumentativos. Javier Calvo es un caso de escritor que, habiendo sido de los primeros, a partir de su cuarta novela pasó, de forma consciente y premeditada, a ser de los segundos.

Pero lo que más me interesó de la intervención de Agustín fue la independencia de su actitud hacia la escritura. Él escribe lo que le da la gana, algunos piensan que demasiado y quizás por eso le han puesto puertas al campo y la viuda de Borges, María Kodama, le ha impedido publicar su última obra El hacedor de Borges remake, de Alfagura, en la que el autor reescribía una de las obras del autor argentino. Agustín se mostró bastante afectado por la actitud de la viuda, sin embargo, hizo una defensa a puños cerrados de lo que él considera el origen y el motor de la literatura, influido por su experiencia como físico. "Nadie paga por usar las fórmulas de Einstein, solo se reconoce que son suyas, pero sirven para que la humanidad avance". Por otro lado, el autor se acordó de sus inicios y nos recomendó, a los autores noveles, creer en tu idea y llevarla hasta sus últimas consecuencias. Ahora, desde la distancia, se da cuenta de la fe que tiene que tener alguien para llevar a cabo su proyecto estético. Según él, "cualquier idea, por extraña que pareza, que sea llevada hasta el final termina teniendo éxito". Me gustó esa creencia en uno mismo y esa apuesta por tu idea, me da fuerza para seguir y se lo agradezco desde aquí. También dijo que lo más difícil es escribir lo que tú deseas escribir y estoy de acuerdo.

Pero se nota que es un señor muy inteligente y que piensa, que no siempre va unido; muchas de sus afirmaciones me siguen haciendo pensar a mí, que no soy tan inteligente pero sí pienso: "La idea original es un sarampión del romanticismo", "No hay límites para el arte", "El artista contemporáneo es un radicante: sus raíces estéticas son como las de la hiedra, aéreas y van absorbiendo lo que le interesa y siguiendo su camino". Sobre esta última afirmación que entronca con el apropiacionismo que él defiende sobre la obra literaria universal, yo opino que no una novedad en absoluto, ¿qué es el canon sino eso? ¿Qué obras serán las que formen el canon del siglo XXII más que aquellas que los autores interioricen de las actuales y las anteriores y se vislumbren en sus nuevas obras? Si bien la tarea de encontrar las influencias será más ardua que la que llevó a cabo Harold Bloom, dado que cada lector es ahora en potencia un escritor y las raíces serán infinitas, es de esperar que algunos de los autores marquen tendencias y ¿eso no es apropiacionismo? Incluso en muchos casos no será ni siquiera citado ni reconocido por los autores, pero existirá porque esa idea proviene ya de los griegos, ¿alguien puede decirme quién fue el filósofo, poeta o dramaturgo que ya dijo aquello de la abeja libando de flor en flor? ¿No es ese el fundamento de la teoría del radicante que Agustín encontró también en el filósofo francés Bourriadu y en su obra Semionautas?

Tengo que deciros que con él comencé a dar forma a un pensamiento nuevo, que me ha dado libertad para escribir: debo creer en mí y en mi idea y llevarla a las últimas consecuencias. Ni público, ni editorial, ni mercado, ni leches. Escribiré lo que me apetezca y lo que sé.

Mil gracias, Agustín.

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