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La mímesis en Aristóteles y la literatura actual

El presente miniensayo tiene como objetivo realizar un análisis del concepto de mímesis dentro de la filosofía de Aristóteles, demostrar en parte su diferencia radical con respecto a la concepción de dicho término de su maestro Platón y en qué se justifica dicha discrepancia, así como definir lo que supusieron para la concepción de la literatura posterior las ideas que el estagirita enunció en la Poética sobre lo que la poesía debía ser.
  1. Aristóteles: mundo y pensamiento
Este potro que  daba coces a su madre o caballo que golpeaba a su propio padre, como se dice que Platón llamó a Aristóteles (y como punto de partida me hago la pregunta de por qué el potro para la madre y el caballo para el padre), fue uno de los mayores genios de la historia de la humanidad y su pensamiento marcó un antes y un después en la filosofía y en la forma de hacer filosofía. Filósofo, pero también humanista, naturalista y lógico. Con Aristóteles, la filosofía griega alcanzó su madurez y comenzó su decadencia; junto a Platón, podrían constituir las figuras más relevantes de la filosofía griega y, según opinan algunos eruditos, de toda la filosofía occidental. El estagirita determinó el camino que esta recorrería después. Descubrió muchas de las cuestiones metafísicas y conceptos que luego se estudiarían y fue el creador de la lógica como disciplina. Aristóteles escribió dos tipos de libros: los exotéricos, en forma de diálogos y destinados al gran público, y los filosóficos, acroamáticos o esotéricos, que versaban sobre cuestiones más profundas y se dirigían solo a los alumnos del Liceo, en forma de curso o lecciones y que se han conservado como apuntes. Los diálogos se han perdido y solo quedan fragmentos; la obra científica se conserva, aunque es apócrifa y está redactada a partir de sus apuntes y papeles de clase, en colaboración con sus discípulos. La aportación original de Aristóteles  a la filosofía se realizó en forma de crítica a sus predecesores: Parménidos, Zenón,  Demócrito, Sócrates, Platón, etc. Como discípulo crítico de este y último de los filósofos antiguos y primero de los modernos, marcó el comienzo de la época helenística, conocida como postaristotélica, lo que dice ya de por sí mucho de la enorme influencia del autor.
            Pero resulta incomprensible una obra literaria sin entender al autor, del mismo modo que una obra filosófica.  Según indica W. K. C. Gutrhie, en su Historia de la filosofía griega, los aspectos de la mente de Aristóteles más destacables fueron los siguientes: su forma provisional y gradual de abordar una investigación y su disposición a avanzar mediante un proceso de prueba y  error.  En opinión de Aristóteles, la filosofía es conocimiento de las causas, ¿existe algo separado de los objetos sensibles? Si la ciencia sólo puede tratar con clases, ¿cómo es posible el conocimiento de lo individual? Formula, por tanto, Aristóteles de forma completa el problema e intenta desde ahí entender su naturaleza, llevando su línea de pensamiento lo más lejos posible y, si no lo resuelve, intentando otro camino. Supone esto una novedad brillante en la forma de razonar. También procura considerar con respeto las opciones de los otros lo que le lleva a tomar sus teorías y a llevarlas más allá. A diferencia del de Platón, el pensamiento de Aristóteles tiene un carácter empírico y un pensamiento lógico, reflexiona conscientemente sobre el proceso del pensamiento; en esto es totalmente original, quiere descubrir una facultad de razonamiento sobre cualquier tema a partir de las premisas más generalmente aceptadas. Además, Aristóteles tiene una concepción teleológica respecto del mundo, por tanto, ve la naturaleza como si cumpliera una finalidad o finalidades, y acepta la explicación.
            Estas características del modo de ser y de pensar de Aristóteles son las que determinan el lugar que el filósofo ocupa en la historia del pensamiento, en estrecha vinculación con la forma de la filosofía en su momento histórico y con el modelado que le permite su propio intelecto. La mente de Aristóteles fue una de las más brillantes de la historia de la humanidad. Como intentaré explicar, el fundamento de su originalidad, también en el caso que nos ocupa sobre el análisis de la poética antigua y de la mímesis en particular, tiene sus cimientos en estas características de su forma de moldear sus ideas (en el sentido actual del término), en su ontología.
  1. La mímesis en Platón. Libro X de la República.
En el Libro X de su República, Platón expone por primera vez numerosas ideas originales sobre la poesía. En primer lugar, la define el filósofo y rechaza la poesía «imitativa», afirmando que «todas esas obras parecen causar estragos en la mente de cuantos las oyen si no tienen como contraveneno el conocimiento de su verdadera índole». Minusvalora ya de inicio el filósofo a la poesía frente a la sabiduría que procede del conocimiento. Platón, en boca del personaje Sócrates, sigue afirmando lo que es la base de su concepción sobre el concepto estudiado, que la mímesis parte de la imitación de la idea, no de la realidad: los artesanos crean las mesas y las camas atendiendo a su idea, ninguno fabrica la idea misma, no puede. El único de ellos que fabrica todas las cosas que hace cada uno de los trabajadores manuales, el sabio maravilloso, el hacedor de todo, el operario capaz de eso sería el pintor que hace una cama de apariencia, pero no hace la idea sino una cama determinada, construye algo que se le parece, pero no es real, no es la realidad. De tal modo que existen tres clases de camas: la que existe por naturaleza, fabricada por Dios; la que hace el carpintero; y la que fabrica el pintor. Esos tres son los tres maestros en esas tres clases de camas. Dios es el verdadero creador de una cama realmente existente, el carpintero es el imitador de aquello de que los otros son artífices y el tercero, el pintor, es también imitador del mismo modo que el «autor de tragedias: imita las obras del artífice (Dios) es por tanto imitador de una apariencia, el pintor pintará sin entender nada de las artes y engañará con la ilusión a un charlatán o imitador que le ha parecido omnisciente por no ser él capaz de distinguir la ciencia de la ignorancia y la imitación».
            Platón expone esta teoría con estas palabras extraídas de la obra mencionada. Para él, el poeta es un ser que aprovecha su arte para engañar al ignorante y la mímesis es el arma de la que se vale para lograrlo. Expone aquí ya la característica más importante de la mímesis, que es una imitación de una apariencia y que, por tanto, engaña al que no sabe discernir entre el conocimiento y la imitación.
            Esta diferenciación es muy interesante porque supone el rechazo de lo artístico frente al conocimiento, fácilmente entendible si se pone en contexto: deriva de la «antigua discordia» entre la filosofía y la poesía entre la episteme y la doxa, y que parece tomar forma coherente en Platón, aunque se aprecia ya en los presocráticos, en los orígenes mismos de la filosofía. Para entender esta desunión, resulta útil saber lo que se entendía entonces por poesía. No es el mismo concepto actual, que tiene que ver con lo artístico y que se valora según una estética, no es la literatura lo que se enfrenta aquí, en esta teoría de Platón, a la filosofía, sino que la poesía que este rechaza por engañadora es más bien un fenómeno cultural que tenía que ver con la oralidad, de tipo poético y mimético, y que tenía como objetivo educar. No olvidemos que, en la antigüedad, la poesía era la forma de transmisión del conocimiento de diversa índole, ya sea moral, político, histórico, etc. No es solo lo artístico lo que minusvalora Platón, arte era todo aquello que tenía que ver con la habilidad técnica: pintura, arquitectura, carpintería o zapatería; y englobaba a artesanos de todo tipo. De ahí los ejemplos que usa Sócrates en la República. Pero la poesía y la música tenían más que ver más con la belleza, que tiene que ver con la apariencia. La belleza era aquello que, participando de la idea, nos elevaba por encima de las cosas aislándonos de su presencia inmediata, o la unión entre la presencia de las ideas y la presencia de las cosas. El poeta es un prisionero del ser en la apariencia mientras que el filósofo es el que conoce el verdadero ser y saber y por ello, Platón minusvalora uno a favor del otro.
            Es por tanto comprensible de inicio que en esta distinción radica también el diferente punto de vista sobre la mímesis que se analizará más adelante. En esta discordia entre poeta y filósofo expuesta, parece juzgarse la tradición griega y su sistema educativo. La sociedad ideal de Platón necesitaba ciudadanos bien educados y, por tanto, para saber cómo crear ese tipo de ciudadanos, él estudia la educación y llega a la conclusión de que la poesía mimética, basada en narraciones y mitos y que se relataban a los niños, representaba en muchos casos lo contrario del modelo que ellos debían seguir cuando se hicieran adultos. De ahí que exigiera depurar el mito para que ejerciera un efecto bueno y bello en la formación del ciudadano. Si los relatos eran mentira y además no podían servir por su inmoralidad como ejemplo, debían ser rechazados. Por eso critica a los mitos de Homero y Hesíodo, por ejemplo, porque muchas de las conductas de los mitos eran incongruentes y no constituían un buen ejemplo. Solo los dioses piadosos debían serlo. Su rechazo no era estético sino fundamentalmente moral, teológico y hasta psicológico, dada su capacidad de influir en el carácter. Y su compromiso con la filosofía le llevaba hacia la única conclusión posible: argumentar que el filósofo es superior al poeta, puesto que la poesía se basaba en la verdad y podía orientar al hombre. Un poeta jamás podría educarle, solo engañarle, y por tanto le expulsa de su república ideal.
            Por otro lado, en la parte III del Libro X, Platón continúa examinando el género trágico y la poesía de Homero. Quiere discernir si estos poetas no han sido engañados también al toparse con tales imitadores a «triple distancia del ser» y que engañan a quien no conoce la verdad, porque no componen más que apariencias, pero no realidades, la mímesis. Rechaza entonces que Homero haya sido guía de educación que transmitiese a la posteridad un sistema de vida homérico (como Pitágoras) y también la función del poeta como educador. Así, «todos los poetas, empezando por Homero, son imitadores de imágenes de virtud o de aquellas otras cosas sobre las que componen y no alcanzan la verdad sino que son como el pintor que hace algo que parece un zapatero a los ojos de aquellos que entienden de zapatería tan poco como él mismo y que solo juzgan por los colores y las formas». Es la suya una concepción despectiva y despreciativa del poeta y de su poesía, de lo que ahora se denomina literatura. Según él, el poeta no sabe más que imitar, su arte es solo superficial, ni siquiera sería arte, porque el cometido del artista, según él, no es crear belleza. El imitador, en consecuencia, no entiende nada del ser sino de lo aparente. La imitación, la mímesis, no es cosa seria, sino una niñería, y está «a tres puestos de distancia de la verdad».
            Intentemos ahora entonces entender qué significa esta última afirmación, que supone el fundamento de la crítica ontológica, la diferencia fundamental con respecto al pensamiento de Aristóteles sobre la mímesis. El poeta se limita a imitar la apariencia, se queda a una triple distancia respecto de la idea, porque imita su imitación y no la misma idea. La mímesis poética carece de auténtica realidad. Para Platón, solo la poesía que seguía la verdad era bella, porque el poeta que se basa en la mímesis "fabrica" una obra efímera, no posee el verdadero conocimiento, ni una opinión recta sino que copia lo falso de la vida para engañar al que le escucha.
            Critica también Platón de la poesía su «capacidad de insultar a los hombres de provecho. Y la imitación poética no saca de nosotros lo que nos hace mejores». Platón considera que la mímesis artística está alejada de la verdad y es inútil y peligrosa para el Estado, por eso la expulsa de su República ideal.
            De la lectura del Libro X de La Republica se extrae la idea fundamental de la mímesis en Platón: es una falacia que se encarga de contentar con lo superficial el alma de los incautos. Platón desprecia la labor del poeta mimético y solo valora al poeta filosófico. Para él, el primero no tiene ningún mérito, tan solo pretende una vulgar imitación de la idea de realidad que, para más inri, engaña y desprestigia al verdadero conocedor y encargado de educar al ciudadano: el filósofo. El modo de pensamiento del maestro de maestros se impone, en este caso, rechazando la validez de lo que no sea conocimiento orientado a formar ciudadanos con una educación basada en la belleza y la bondad. La mímesis  imita una imitación y escapa, por tanto, a la realidad suprasensible de Platón, no es una unidad mental  y no existe más que en el mundo incorpóreo, invisible e inmaterial.
            Lo afirma claramente en la República cuando habla por boca de  Sócrates:
            «Y creo, amigo, que sobre todas estas cosas nuestro modo de pensar ha de ser el siguiente: cuando alguien nos anuncie que ha encontrado un hombre entendido en todos los oficios y en todos los asuntos que cada uno en particular conoce y que lo sabe todo más perfectamente que cualquier otro, hay que responder a ese tal que es un simple y que probablemente ha sido engañado al topar con algún charlatán o imitador que le ha parecido omnisciente por no ser él capaz de distinguir la ciencia, la ignorancia y la imitación
            El poeta sería un mentiroso que dirigiría su discurso a la parte irracional del hombre. La mímesis artística no es para él más que el arma para engañar al ignorante y burlarse del hombre de provecho. Como ya se ha introducido anteriormente, esta concepción de la mímesis y de la poesía en general se deriva, además de a su objetivo de educar un tipo concreto de ciudadano, a su ontología, a su concepción del ser. Sin embargo, se regresará de nuevo sobre ella para compararla con la concepción particular de Aristóteles.
  1. La mímesis en Aristóteles. Estudio de la Poética
El estagirita recibió el encargo de educar a Alejandro Magno a mediados del s. IV a.C. En esta tarea resultaba imprescindible que conociera la poesía griega, a Homero y a los trágicos, y es precisamente esa época de donde procede su discurso Sobre los poetas, del que se conservan algunas líneas. La Poética es una obra posterior que contiene reflexiones sobre literatura aunque de índole filosófica. Como hipótesis más aceptada se baraja que la escribiera en Atenas, entre los años 335 y 323 a.C, durante su segunda estancia en la ciudad. También parece existir un acuerdo entre los estudiosos sobre su naturaleza: la Poética podría ser un curso sobre la poesía.
            Dada su estructura, la Poética parece una recopilación de exposiciones orales y la composición de la misma corroboraría en principio dicha suposición: sus numerosas repeticiones, vueltas atrás o digresiones, las ausencias de determinados apartados mencionados en su inicio, etc. Como en muchas de las obras filosóficas de esta época, podría incluso haber sido recogida por los alumnos del filósofo aunque no se descarta que fuera él mismo quien la redactara. También parece que o bien una parte se perdió o no se llegó a poner por escrito, puesto solo se estudia la tragedia, con lo que faltaría el segundo libro dedicado a la comedia. Además, lo que se conserva concluye con el «baste con lo dicho», que solía dar entrada a otra enseñanza. La Poética no se comentó demasiado en la Antigüedad y no fue sino hasta el Renacimiento cuando se tradujo y fue estudiada entre los humanistas que interpretaron de formas diversas su mensaje.
            En líneas generales, en la Poética se trata lo siguiente: la definición de la poesía, la relación entre poesía e imitación o mímesis, las clases de imitación a través de la palabra, la diferencia entre la prosa y el verso, los distintos géneros literarios, el objeto de la mímesis, los modos de mímesis poética, los orígenes de la poesía y su fundamento, los orígenes y el desarrollo y la comparación de la tragedia y de la epopeya, las partes de la tragedia, la comparación entre la poesía y la historia, la teoría de la verosimilitud, la elocución, sus partes, las metáforas y las cualidades de la elocución literaria.
            3.1 Ideas principales de los capítulos de la Poética en relación a la mímesis
Capítulo I: «Todo es imitación». Ahí queda. En la conclusión se explicará por qué Aristóteles, en mi opinión, acierta en esta afirmación que resume su opinión sobre la mímesis.
Capítulo IV: el origen de la poesía tiene dos causas, «cada una de ellas parte de la naturaleza humana. La imitación es natural para el hombre desde la infancia" y «es asimismo natural para todos regocijarse en tareas de imitación». La experiencia nos lo demuestra. Aprender es el mayor de los placieres para el filósofo y para el resto de la humanidad. La imitación nos es natural, como el ritmo o la armonía. La poesía se creó a partir de sus improvisaciones de la imitación. Pero la poesía se dividió en dos clases, según el carácter de cada poeta, algunos tendían a representar las acciones más nobles y personajes más egregios, y otros las acciones viles. De ahí salieron los poetas de yámbicos y de epopeyas, que se reconvirtieron a la comedia y la tragedia, respectivamente, en cuanto el hombre tuvo tendencia a ese tipo de representación.
            Supone esto una variación radical con respecto al pensamiento de Platón: Aristóteles concede a la poesía el valor de "regocijarse" y responde a la tendencia del hombre a la representación. Hay un cambio de concepto: no solo lo que educa es bueno.
            Capítulo V: la comedia es una imitación de los hombres peor de lo que son, en lo ridículo, una "especie de lo feo». ¿Qué es lo ridículo para Aristóteles?: "un error, o deformidad que no produce dolor ni daño a otros». La comedia evoluciona. Se habla de la trama o "fábula preparada", que se origina en Sicilia, con Epicarmo y Fornis. Crates fue el primero en eliminar la invectiva de la comedia y crear argumentos de naturaleza general y no personal, es decir fábulas estudiadas o argumentos. Epopeya y tragedia son imitaciones de temas serios, la primera en verso y en forma narrativa, también se diferencia por su extensión.
Capítulo VI: de nuevo define Aristóteles la tragedia: "la imitación de una acción elevada y completa en sí misma, enriquecida en el lenguaje, presentada en forma dramática, no como narración, sono con incidentes que excitan piedad y temor, mediante los cuales realizan la catarsis de tales emociones».
    Debemos aquí detenernos en un término novedoso: catarsis. La define el mismo Aristóteles «la tragedia es mimesis de una acción noble y eminente, [...] cuyos personajes actúan y no sólo se nos cuenta, y que por medio de piedad y temor realizan la purificación de tales pasiones» También se menciona en el mismo sentido el término en los capítulos XIII y XIV. Este término parece proceder del léxico de la Medicina, y su acepción se entiende como cura o purificación, pero también se empleaba en algunos ritos religiosos y su significado podría ser el de expiación mediante el «perdón» de una culpa.
            Con este nuevo término, catarsis, que tiene que ver con el alma más que con el intelecto, con la función de la poesía como actor purificador y generador de emociones que aparecerá de nuevo más adelante, es preciso destacar otra idea del texto: «El tema representado es también una acción y la acción requiere actores, los que deben tener por necesidad sus cualidades distintivas tanto en el carácter como en el pensamiento, puesto que es a partir de estos hechos que les asignamos ciertas cualidades a sus acciones. Por consiguiente, hay en el orden general de las cosas dos causas, el pensamiento y el carácter de sus acciones, y por tanto de su éxito o fracaso en sus vidas. La acción (lo que fue hecho) se representa en el drama por la fábula o la trama […] la combinación de los incidentes, o sucesos acaecidos en la historia mientras que el carácter es lo que nos incita a adscribir ciertas cualidades morales a los protagonistas y el pensamiento se advierte en todo lo que ellos dicen cuando prueban un aspecto particular
            La relevancia de esta idea deriva de la afirmación, por primera vez, de que la trama es la parte más importante de la poesía, de la literatura. En ese sentido, Aristóteles afirma que la tragedia está formada por seis partes: la fábula o trama, los caracteres, la dicción o elocución, el pensamiento, el espectáculo y la melodía, pero la más importante es la combinación de los incidentes de la fábula, la que constituye la trama en cuanto acción. «La tragedia es en esencia una imitación no de las personas sino de la acción y la vida, de la felicidad y la desdicha. Toda felicidad humana o desdicha asume la forma de acción; el fin para el cual vivimos es una especie de actividad, no una cualidad. El protagonista nos da cualidades, pero es en nuestras acciones, en lo que hacemos, donde somos felices o no. En un drama, entonces, los personajes no actúan para representar los caracteres; incluyen los caracteres a favor de la acción». Por ello, según Aristóteles, es la fábula o trama el fin de la tragedia, que es imposible sin acción. Los elementos más poderosos de atracción en la tragedia, las peripecias y los reconocimientos, son partes de la fábula. «La tragedia es, ante todo una imitación de la acción y que es sobre todo por la acción que imita a los agentes actuantes. Después aparece el pensamiento, el poder de expresar lo que debe decirse».
         En este capítulo se desarrolla una de las teorías centrales en torno a la composición poética: que trata de imitar la acción y que esa imitación es más importante que la expresión de lo que se dice. En un orden extrafilosófico, esta nueva concepción abre el debate entre la concepción de la literatura basada en el desarrollo de la trama y en la psicología o el pensamiento a través del diálogo (ya sea interno a través del flujo de ideas o de otros mecanismos literarios que no vienen al caso, o externo) o de la narración. Este debate se inició en esta expresión de Aristóteles y se reafirma en el capítulo siguiente.
Capítulo VII: es la construcción adecuada de la fábula o argumento lo más importante de la tragedia. Por un lado, una trama bien construida no puede empezar o terminar donde se desee, sino que tiene que ajustarse a unas reglas. También tiene que tener una extensión, capaz de ser aprehendida por la memoria, cuanto más extensa, si es coherente, más bella.  »El héroe debe pasar por una serie de probables o necesarias etapas de la desdicha a la felicidad o de la felicidad a la desdicha».
Capítulo VIII: habla Aristóteles aquí sobre la unidad de la fábula: en la poesía, la fábula, como imitación de la acción, debe representar una acción, un todo completo, con sus diversos incidentes tan íntimamente relacionados que la transposición o eliminación de cualquiera de ellos distorsiona el conjunto. Por tal causa, aquello que por su presencia o ausencia no provoca ninguna diferencia perceptible no constituye ninguna parte real del todo.»
            Hago un inciso en esta proposición de Aristóteles que resulta sumamente interesante desde el punto de vista literario: en la poesía que él examinó, la que marcó el inicio de la consideración de la literatura occidental, era requisito imprescindible que los incidentes de la acción que componen una obra literaria fueran totalmente necesarios, hasta el punto que no podrían estar en otro lugar ni desaparecer sin que la obra perdiera su esencia. Es el famoso dicho de Chejov: si en una obra literaria aparece un clavo, el protagonista debe colgarse de él. Asimismo, a efectos de la producción literatura posterior, se puede decir que la novedad que introduce la Poética es precisamente la afirmación de Aristóteles que lleva a atribuir a la trama, a la fábula, la mayor importancia dentro de una obra. Si bien el estudio, al haber desaparecido el resto de la obra, no es completo, al menos en la tragedia, el estagirita deja claro que lo importante de la mímesis es el proceso de elaboración de la fábula, de la trama que, en esencia, es la construcción del mito.
Capítulo IX: «La tarea del poeta es describir no lo que ha acontecido, sino lo que podría haber ocurrido, tanto lo que es posible como probable o necesario». Aristóteles eliminaría lo episódico: una fábula cuando no existe ni probabilidad ni necesidad en la secuencia de los episodios. Son malos poetas los que construyen estas fábulas. La tragedia es una imitación de una acción completa y de incidentes que provocan piedad y temor. Estos incidentes tienen el máximo efecto sobre la mente cuando ocurren de manera inesperada y al mismo tiempo se suceden unos a otros; […] los hechos ocasionales parecen más asombrosos cuando parece que han sido realizados por el destino.
            Aquí Aristóteles introduce una nueva concepción de la poesía que difiere en mucho de la de Platón y que se ha vislumbrado ya en anteriores capítulos, al introducir su papel como generador de catarsis en el espíritu humano: la función de la poesía no es servir de ejemplo para educar un buen ciudadano, sino crear ficción. La despoja Aristóteles por tanto de su tarea didáctica para adjudicarle una misión psicológica e íntima: la poesía, la tragedia en este caso, debe "provocar piedad y temor". Es su capacidad de generar sentimientos, de emocionar al individuo, lo que empieza a adquirir importancia  a partir de Aristóteles, como se sigue apreciando también en los siguientes capítulos, en los que se resalta su cometido, como se puede ver a continuación.
Capítulo XIII: ¿Qué debe evitar y buscar el poeta al construir sus fábulas? ¿Cuáles son las condiciones de las que depende el efecto trágico? La tragedia debe tener fábula compleja y que imite acciones que provoquen temor y piedad, porque esta es la función que la distingue. Hay tres formas de fábulas que deben evitarse: un hombre excelente no debe aparecer pasando de la felicidad a la pena, uno malo de la desdicha a la felicidad, lo primero por odioso y lo segundo por trágico. No apela a los sentimientos humanos a nuestra piedad ni a nuestro temor. Un hombre malo no debe pasar de la felicidad a la miseria. Eso suscitaría humanidad, no piedad ni temor, la piedad es ocasionada por una desgracia inmerecida y el temor por algo acaecido a hombres semejantes a nosotros mismos. El personaje, no demasiado virtuoso ni justo, que se ha visto en desgracia por un error de juicio. Las tragedias más bellas son las que pasan en casas ilustres, como personajes o víctimas en sucesos de horror.
Capítulo XIV: el temor trágico y la piedad pueden ser provocados por el espectáculo, pero pueden surgir de la estructura y los incidentes de la trama, debe estar bien ordenada y el que la oye debe sentir horror y piedad y se debe producir mediante una tarea de imitación; entonces, las causas deben incluirse en los incidentes de la historia.  ¿Qué incidentes nos conmueven como horribles o piadosos? En este tipo de acontecimiento, las partes deben ser amigos o enemigos, o indiferentes entre sí.
Capítulo XVII: las fábulas tienen que ser convincentes y es aconsejable hablar de lo que se conoce. Se introduce la noción de verosimilitud que está estrechamente relacionado con la posibilidad de generar en el hombre esos sentimientos y emociones que debe suscitar la tragedia. Si la fábula, la trama, no es verosímil, difícilmente podrá el hombre verse reflejado en ella y sentir algún tipo de emoción.
Capítulo XIX: el poeta, por ser un imitador, debe representar las cosas en uno de tres aspectos: como lo eran o son, como se dice o se piensa que son o parecen haber sido, o como deben ser.
Capítulo XXVI: son la épica o la tragedia la forma más elevada de imitación.
  1. Fundamento ontológico en Platón y en Aristóteles y su relación con la mímesis: el ser y la sustancia
La concepción sobre un concepto en esencia literario no podía substraerse de la concepción filosófica de quien lo emite. En el resumen anterior de las dos obras en las que se concentra la mayor parte de la formulación filosofía sobre la mímesis de ambos filósofos, se observa cuál es la diferencia clara en el modo en que la poesía se articula para causar un efecto: para Platón, la imitación parte de una representación de la realidad, es un fenómeno falso, mientras que para Aristóteles, la imitación imita directamente esa realidad. Esta delimitación del objeto de la imitación parece venir determinada por la naturaleza del ser para ambos filósofos, es lo que le confiere su peculiaridad; también es esa particularidad de su pensamiento lo que hace que Platón considere la mímesis como un engaño para tontos. Es el principio de las cosas, su ontología, en términos más actuales, lo que marca la diferencia entre ambos.
            Para Platón, solo las ideas tienen ser real y el mundo fenoménico las imita. En Symposion también habla de la mímesis; parte en este caso de que los fenómenos son desencadenados por las ideas y por ello poseen un valor cognitivo y pueden servir para aproximarse a ellas. Pero solo lo bello puede mediar entre ideas y fenómenos y él no considera que la poesía sea una forma de crear belleza. Como ya se ha comentado, en la República, hace hincapié en la diferencia de los fenómenos y las ideas, y por esa diferencia la imitación tiene que ser imperfecta: su puesta en práctica solo puede ser a cambio de perder parte de la esencia de la idea plena. Y, en parte, es esa concepción la que lleva a Platón a minusvalorar a los artistas: ellos son imitadores de imitaciones y además imitan porque no son capaces de hacer las cosas mismas, solo Dios es capaz de hacer una mesa que sea una mesa y no una idea particular de mesa. También es una de las razones, como se ha analizado en la parte de este estudio sobre la República, que llevan al filósofo a considerar que solo los poetas que actúan con finalidad didáctica son buenos poetas.
            Sería por tanto el concepto de naturaleza (la physis) del ser, el estudio de la producción de las cosas en general, el principio de las cosas o la ontología la que marca la diferencia en ambos filósofos respecto de su concepción de la mímesis. ¿Cuál es el principio o arjé del que proceden las cosas cuando empiezan a existir y dónde terminan cuando se acaban? Los presocráticos lo resolvieron atribuyéndoselo al cosmos o al mundo en armonía; con Sócrates, la naturaleza transciende de lo cosmológico a lo antropológico, es el hombre lo importante para conocer al hombre, no el Universo. Platón y Aristóteles opinan de forma muy diferente con respecto a la ontología: en Platón, es la idea lo que forma la realidad y los objetos físicos son solo reflejos imperfectos. Volvemos a las camas: el que las fabrica no crea la idea de cama, que existe en sí misma, sino que produce una cama concreta, el artesano no produce lo que existe, luego entonces no puede crear nada real sino solo algo parecido. Las realidades suprasensibles de Platón no son unidades mentales sino existentes en el mundo incorpóreo, invisible e inmaterial y solo se pueden captar a través del intelecto.
            Para Aristóteles en cambio, el problema ontológico se resuelve de forma muy diferente, lo verdadero es el ente singular, la sustancia. Su teoría hilemórfica  se estructura en torno al descubrimiento del ser real de las cosas en las cosas mismas. Para él, la imitación de la realidad que lleva a cabo la creación artística no es en modo alguno un calco total, sino una aproximación, una recreación «verosímil». Para ilustrar este concepto de verosimilitud señala lo diferentes que son el historiador y el poeta. Mientras el primero está obligado a reproducir los hechos tal como han ocurrido, el poeta expone en sus obras lo que podría ocurrir o lo que podría haber ocurrido, es decir, lo verosímil o «creíble», no lo «verdadero». Frente a Platón que, desde una postura ética, sancionaba la poesía porque no se ajustaba a la verdad, Aristóteles resuelve el conflicto adoptando un planteamiento estético al distinguir entre «lo verdadero» y «lo verosímil»: esta última es la categoría artística por excelencia. La literatura no debe ser verdad sino verosímil.
            Pero intentemos desarrollar un poco más esta idea. En la forma de pensar de Platón, lo principal de la mímesis es la creación; en esto coincide con Aristóteles porque, según este, al hombre le gusta contemplar la imitación e imitar. Pero la mímesis platónica tiene que ser diferente de la aristotélica porque sus ontologías son distintas. Para Aristóteles, el ente hilemórfico es el ente concreto. Como se indica en la obra de W.K. Gutrhie, el universal es forma pero no está, como las ideas platónicas, separado de las cosas, sino presente en ellas, "informándolas". El hombre, la especie hombre, no está separada de  cada hombre, sino presente en él, como forma humana. Y explica así el problema de la relación de las ideas o especies con las cosas individuales. Para él, preguntar qué es el ser es preguntar qué es la sustancia. La respuesta es que la sustancia como un compuesto de dos elementos, materia y forma. No son dos partes reales sino dos momentos ontológicos. La materia es de lo que está hecha una cosa y la forma lo que hace que algo sea lo que es. Ambas no pueden existir separadas, es la forma lo que confiere el ser. Aristóteles defiende por tanto que las ideas no existen por sí solas y separadas de las cosas, no hay una idea de animal más allá de un gato, la idea, la forma de animal, se realiza en cada gato sin la forma de animal no existe el gato individual. Por eso, para él, el poeta imita directamente la realidad, ya no imita la imitación, como defendía Platón. Y va más allá afirmando que la realidad que imita el poeta es, en la tragedia «una imitación de una acción noble y completa que tiene cierta magnitud» y es la vida humana la que constituye la realidad, la praxis, que el arte desea imitar con sus medios, con la mímesis.
  1. Conclusión
Supone por tanto la Poética un punto y aparte en la concepción de la mímesis, radicalmente diferente del que tenían Platón y los presocráticos en la Antigüedad: a partir de la Poética, la mímesis constituye los cimientos del origen y la esencia del arte, del proceso de imitación de reproducción de la naturaleza y de los modelos poéticos tradicionales. Además, Aristóteles es el primer autor occidental que concede autonomía a la poesía como lo que será después, la literatura, definiéndola como una manifestación artística diferente de la música o la pintura, con otros fines y otras herramientas. Y esta diferenciación, por primera vez, recae en el instrumento peculiar que emplea en sus creaciones: la lengua. También adquiere ya la poesía desde la Poética una función diferente: la búsqueda de la catarsis, debe liberar al hombre, no educarle.
            No me resisto a hacer una reflexión última, apartada quizá de lo meramente filosófico, sobre esta concepción primigenia de la literatura en la mente de un genio como Aristóteles. Él destacó la capacidad de la poesía de emocionar; de provocar la catarsis en el público; de suscitar sensaciones y sentimientos que alteran la psique humana, que le lleven a sentir, ya fuera la piedad o el temor como indicaba él en el caso de la tragedia; y cómo esa función se la atribuía a una serie de características definidas y concretas de la poesía, en particular de la tragedia que él estudia, que se alcanzaban gracias al uso del instrumento que la caracteriza: el dominio del lenguaje. Y la reflexión con que concluyo es cómo la sociedad postmoderna ha llegado a perder hasta esa esencia última que era la capacidad de emocionar como función superior de la literatura que produce a través del empleo de su lengua. Cómo las motivaciones económicas, la búsqueda de un beneficio en la creación y la promoción literaria han llegado a sustituir, sin ningún tipo de pudor que le haga intentar al menos ocultarse, de forma totalmente consciente y ostentosa, ese objetivo superior de la creación literaria.
            Ya no es la belleza del lenguaje, la forma en que las palabras se modelan y se unen para modelar una historia, una fábula, las que tienen en sí mismas la tarea de llevar al lector a la catarsis, a veces ni siquiera al mínimo sentimiento, sino que en excesivos casos, para conseguir un bestseller, se apuesta por una literatura plana, con un lenguaje correcto pero fácil, totalmente desprovista de los elementos que Aristóteles menciona en la obra estudiada, y vuelvo a citar un fragmento del capítulo VI que parece redactado adrede como definición de lo que debería ser la literatura y ya no es, en muchos casos:
«La imitación de una acción elevada y completa en sí misma, enriquecida en el lenguaje, presentada en forma dramática, no como narración, sino con incidentes que excitan piedad y temor, mediante los cuales realizan la catarsis de tales emociones».
            Si Aristóteles levantara la cabeza y leyera algunas de las últimas novedades editoriales, quizás volvería a agacharla. Y yo como él, opino que, en la literatura, por tanto, «Todo es imitación» y añado: y hay que volver a los orígenes.

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  1. Bibliografía
1.      José Antonio Hernández Guerrero y María del Carmen García Tejera. Disponible en Internet en: /bib.cervantesvirtual.com/portal/retorica/include/p_autores.jsp?pagina=platon.jsp&origen=grecia
2.      Mímesis, ficción y verosimilitud en la creación literaria, Kurt Spang, 2007, Servicio de publicaciones de la Universidad de Navarra. Disponible en Internet en: http://dspace.unav.es/dspace/bitstream/10171/2205/1/09.%20KURT%20SPANG,%20M%C3%ADmesis,%20ficci%C3%B3n%20y%20verosimilitud%20en%20la%20creaci%C3%B3n%20literaria.pdf
3.      Manual de Teoría Literaria Clásica, Esther Paglialunga. Disponible en scribd.com
4.      La inquisición poética: acerca de destierros, purificaciones y otros menesteres. Releyendo a Platón desde la «antigua discordia», Fabio Vélez Bertomeu. Disponible en http://www.lacavernadeplaton.com/articulosbis/platonpoetica0708.htm
5.      Estudio sobre la "Poética" de Aristóteles, Edita Mombiela. Disponible en Internet en: http://www.lacavernadeplaton.com/articulosbis/poetica0910.htm
6.      La República, Platón, Edición electrónica, Buenos Aires, 2006. Disponible en Internet en:
7.      http://www.laeditorialvirtual.com.ar/pages/Platon/LaRepublica_00.html
8.      Historia de la filosofía, Julián Marías, 2010, Madrid, Alianza Editorial
9. Historia de la filosofía griega, Volúmenes V y VI, W. K. C. Guthrie, 2006, Barcelona, RBA Coleccionables.

Comentarios

  1. Super Interesante, me encanto, me sirve mucho para la maestria que estoy intentando cursar, espero poder mandarle mis dudas acerca del texto y de algunas otras cosas que pueda necesitar, directo a favoritos

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