miércoles, 9 de noviembre de 2011

Perseverancia, perseverancia, perseverancia... y suerte


Hoy he conocido a mi editor favorito. El "mío" no es porque sea mi editor sino porque es mi favorito. Y desde hoy más. Y lo digo así porque puedo decir lo que prefiera sin caer en el peligro de hacer la pelota malamente: él no va a publicarme ni esa ni otras novelas, más que nada porque las dos novelas que he escrito hasta ahora y la que tengo entre manos son ligeramente cursis (hay amores y muertes) y encima en una de ellas aparece la guerra civil más los nazis, y en su opinión podrían ser betsellers, pero no aspirantes a ser publicadas en Caballo de Troya. Y la cuarta, Prométeme que serás feliz, ya no será cursi ni aparecerán nazis, pero no voy a poder terminarla antes de que este gran señor de la edición y la crítica en España decida dedicarse solo a leer para seguir siendo un desclasado pero no para encontrar nuevos valores de la narrativa española.

Pero me quedo contenta, porque he tenido la suerte de conocer a un editor de los de antes, de verdad, que teniendo la "libertad" de no estar supeditado a la mercadotecnia, puede decidir, con sí con sa, a quiénes publica. Y mira que me estoy tirando piedras contra mi propio tejado, porque este señor no ha querido publicar mi primera novela. Pero eso no significa que no sea una "mala novela buena" --con lo que yo, para empezar, me daría por infinitamente satisfecha--, sino que es probable que me haya equivocado de sello. Raúl, ahí va un poco de mi confianza en mí. Hay personas que instintivamente, tan solo habiendo cruzado unos cuantos mails o asistido a una conferencia suya, te parece que son de una forma tal, que te gustaría mucho poder invitarlas a comer en tu casa para tener la suerte de charlar tranquilamente un tiempo con ellas, y este señor me suscita esa sensación. Con independencia de que no haya conseguido sacarle ni pa´trás una crítica de mi novela. Puede que haya sido de las del 70% que no se lee ni la mitad y seguramente habrá sido de las 99% que no termina. Pero no pasa nada porque estoy segura de que me encontraré con otros editores que me inspiren esa misma sensación, porque, conocer, conocer, lo que se dice conocer a un editor, solo le conozco a él, y seguro que hay otros muchos y muchas con los que tendría esa misma sensación. como dicen en su tierra, haberlos, haylos, seguro.

Al terminar su charla, junto con el autor y editor Luis Magrinyá, me he acercado a presentarme y le he pedido disculpas por mi persecución durante un año y, también, por haberle enviado una novela algo cursi, que no de nazis. Yo discrepo con él en que una novela así --los sentimientos pueden llegar a ser muy cursis--, no pueda ser una "buena novela buena", pero sí es cierto que a lo mejor él no es la persona a quien debía habérsela enviado.

Y de todo lo que he oído hoy me quedo con algo que le dice su mujer, más o menos: "llegan los que son insistentes, los que aguantan la carrera de fondo". Según el señor Bértolo, "la perseverancia es la clave". Y yo pienso seguir perseverando.

Me voy a ver a otros editores al resto de la jornada de la Universidad Carlos III sobre edición independiente. Que paséis una espléndida tarde de fiesta en Madrid.

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