viernes, 2 de septiembre de 2011

Kamala Markandaya


La belleza unas veces es dulce y otras agria.

Al documentarme para mi próxima novela, he redescubierto a Kamala Markandaya. La leí hace años, pero la había olvidado, como a otros tantos. He devorado la primera de sus novelas que he conseguido, Néctar en un tamiz (o Como agua sobre la arena), y estoy a la busca y captura de más. Su escritura y su espíritu te ejercitan en la humildad. Los occidentales somos muy prepotentes, muy ego y euro céntricos, y sus historias te hacen bajar del pedestal en un solo capítulo. No viene mal en estos días.

Pero no hay que acercarse a esta autora con la mente cerrada. Algunas de las costumbres de la India que refleja tan nítidamente no son peores que muchas de las nuestras. No existe el bien absoluto. Pero el mal absoluto sí y está dentro de cada uno. No depende de la latitud.

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