viernes, 15 de julio de 2011

Maldito subconsciente


No todos los escritores principiantes tienen mi suerte. No. Resulta que yo tengo un amigo, Rafael María Claudín (¡dios!, si hasta tiene nombre de poeta), que procede de una familia de literatos empedernidos, críticos literarios, guionistas, traductores, etc. Y más que ninguna otra cosa en el mundo, envidio eso, el llevar la literatura en los genes. Yo la llevo por ahí escondida, pero en los genes, genes, lo que se dice genes, no está. O no la busco bien. El caso es que él tiene la ingente amabilidad de escucharme cuando estoy ideando la trama de mis novelas y luego hasta me las corrige. Y no tengo que perseguirle demasiado, teniendo en cuenta que es una de las personas con más sobrinos y más amigos que conozco. Y siempre tiene una película, una novela, un argumento, una imagen concreta que me pueden servir de ayuda para mejorar lo que escribo, para seguir investigando. ¡ESCRIBE! le digo yo. Estás desaprovechado. Y él se ríe. Pero yo lo digo muy en serio. "Debes mostrar, no explicar", me dice a veces él al hablar sobre alguna escena de mis novelas. Y yo ya lo sé, pero lo sé porque lo he leído en alguno de esos fabulosos libros sobre teoría literaria, ficción, narrativa, etc. Pero él... él lo intuye. Y acierta.

Eso hay veces que me desanima. Leí mucho, muchísimo, desde que aprendí hasta que mis matrículas en matemáticas me llevaron a apartarme del camino. Debía haber hecho caso a mi profesora de Literatura de segundo de BUP, que se tiró de los pelos cuando le dije que me había ido a Ciencias Puras. "¿Tú? ¿A ciencias puras? Pero si lo tuyo son las letras. ¿Por qué no estudias filología y luego te haces profesora?". Luego torció la boca, resignada, y siguió a lo suyo. Supongo que ya estaba acostumbrada. Ella era adivina, pero yo no creía en magias. Y esos años los perdí para la literatura, hasta que me sentí asfixiada y me encontré por fin, y volví al redil de los que no pueden vivir sin ella. Pero ahora me pregunto: sin un subconsciente literario suficientemente rico, ¿se puede llegar a escribir una obra maestra? Mi amigo Rafa no me da la respuesta. "Eso debes demostrártelo tú, maja". Y en eso estoy.

A veces dudo, pero sigo en ello. Llenando con trabajo duro, empeño e ilusión mis lagunas. Y regalando cada vez que tengo ocasión un libro a mis mochuelos. Por si de mayores les da por escribir. Que su subconsciente esté nutrido de historias, de tramas, de estructuras. Porque, aunque no escriban, eso que habrán ganado.

2 comentarios:

  1. Mi profesora de ciencias se echó las manos a la cabeza cuando supo que iba a hacer letras puras. Pero, ¿qué más da eso? Cada quien sigue su camino y cada cosa que se encuentra antes o después le será útil, especialmente si acaba escribiendo. Ese gen literario que dices, que al final no es otra cosa que la educación que te transmiten, no es necesariamente bueno. A veces compensa más estar libre del peso de la Literatura para entrar en ella. Vamos, que no hay fórmulas, ni secretos, más allá de la propia capacidad, la voluntad y el tesón.
    Por cierto, te ha quedado muy elegante el blog.
    Rafa

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  2. ¡Hola Rafa! ¡Me has encontrado! Pensé que estaba sola en el planeta web. Espero que no te moleste que te haya mencionado ni que no te haya contado había montado este tinglado. Me sirve para pensar en alto.

    Y no sé si tendrás razón o no, pero terminé de dar los últimos retoques a La pintora y ya he seguido con la tercera novela. Intenté dejarlo, pero fue imposible.

    Ciao,
    Amelia

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