domingo, 31 de julio de 2011

Novela "Escrita en tu nombre" (segundo capítulo)


Aquí está el principio del segundo capítulo. Si te gusta, te animo a que te lo descargues completo (en el botoncillo al final de este texto) y me digas qué te parece.


Capítulo II


"Ella era diferente, lo supo la primera vez que la vio en su clase de yoga. Tampoco es que conociera a suficientes mujeres como para poder juzgar, pero esta le desconcertaba más que ninguna. Aparecía en el gimnasio con la cara lavada ―lo que constituía una singularidad porque, a pesar de lo que podría esperarse, pocas entraban allí sin maquillar― y se ponía detrás. Él notaba que le miraba mucho, pero que no se atrevía a acercársele. Estaba un poco harto de que muy pocas se atrevieran por culpa de su físico, que a veces le parecía más un obstáculo que una ayuda para conocerlas. Pero, por otro lado, tampoco estaba tan mal: levantaba un muro que conseguía evitarle escenas como las que había sufrido con chicas que creían que podían llevarse a la cama a quien desearan. Aunque en algún momento no le había importado que llevaran razón, cuando era mucho más joven y vivía en Londres. Sin embargo, ahora ya no quería perder el tiempo y ni siquiera el sexo fácil compensaba el tedio que le suponía tener que desembarazarse luego de cualquier forma de alguien de quien ni se había aprendido el nombre. Así que hacía muchos años que había decidido no verse obligado a eso y elegía bien con quién se acostaba.
Y la había elegido a ella. Le había resultado difícil, porque, aunque podría parecerlo, no era precisamente un conquistador. Juan le animaba a que lo intentara como terapia, pero no había encontrado aún la chispa a eso de tirarse a todo bicho viviente. Tampoco le había dado tiempo a probarlo lo suficiente. Solo se había intentado desenamorar de una mujer y de eso hacía muy poco. El amor no era su fuerte, ni tampoco su debilidad. Miradas lejanas, caricias anodinas. Hastío de lo no vital. La piel cansada de no ser escuchada. Tenía que acostumbrarse a ello. Así que quizás debía empezar a probar la variedad. Sin embargo, ni siquiera tenía interés en cuidar su cuerpo. Corría de vez en cuando e iba con frecuencia al gimnasio, pero no entraba más que a las clases de yoga, porque la espiritualidad y el autocontrol que le exigía le permitían pensar en lo que necesitaba y desterrar de su cabeza lo que había decidido olvidar. No era fácil, porque Omid seguía experimentando a veces la sensación de estar ocupando un lugar indebido en la vida de otro.
. [...]"


(Nota: he quitado el enlace por recomendación de un agente :)

¡Ah! Y si te gusta tanto como para usarlo en algún otro blog o similares, recuerda que todos los escritos que aparecen en esta página están inscritos en el Registro de la Propiedad Intelectual y te agradecería que citaras que los has extraído de esta humilde bitácora.

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