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Novela "Escrita en tu nombre": primer capítulo



Capítulo I


Por fin conseguí tocarlo. Qué duro, hacía tiempo que no tocaba nada tan duro. Tal y como me lo había imaginado la primera vez que lo vi aparecer con sus pantalones negros deliciosamente ajustados y su sudadera gris, ceñida de necesidad, por la destartalada puerta del gimnasio. Duro como una piedra pero con probabilidad homosexual, tan de moda últimamente. Eso pensé, aunque esa opinión no fuera propia de mí: Malena para quienes más me quieren, Magda para algunos durante demasiado tiempo, Magdalena según mi partida de nacimiento y solo yo para mí misma. Y es que hacía mucho que yo no era yo misma. Gracias por haberte encontrado aun después de tanto tiempo. Sí, gracias por permitirte sentir, al fin.
Debe de ser la placidez que me invade después de haberme acostado con él. Tiene que ser eso, la enajenación postcoito, la felicidad inmoral que transpira cada célula tras haber follado, como diría sin vacilar mi querida Laura. Hasta escritoras con premios Planeta emplean la palabreja en entrevistas para dominicales y yo sigo sin acostumbrarme a ella: siempre he preferido hacer el amor, aunque ya no se lleva. Pero creo que eso debe de ser follar, porque nunca antes me había sentido así. Como en una nube. Con él a mi lado.
Tan duro como una piedra; no logré sonrojarme cuando me dijo que quería pasar la noche conmigo porque lo había deseado tantas veces como las que me había preguntado a mí misma ―esta vez sí soy yo, y qué feliz me hace eso― cómo semejante prodigio de la naturaleza iba siquiera a fijarse en mí. No estoy acostumbrada a tener que competir con mi físico: durante demasiado tiempo tuve amor o, mejor dicho, compañía segura. Y todo venía rodado. Pero tal vez su culo me haga olvidar aquello. Qué maravilla. Y está en mis manos. Si Laura pudiera verme ahora, seguro que diría algo como ¡Ay que ver, Malena, qué puta te has vuelto!
Pero no era marica. Cuando ves a un hombre así, con ese cuerpo y esa cara y esos ojos y ese pelo y ese culo y ese culo, y treinta y tantos, o es marica o está casado. Y no piensen que empleo el término despectivamente. Siempre he respetado, a secas, a los homosexuales; a todos, hasta a los que me han hecho volver a la lectura porque, a fuerza de repetirse en la televisión, la han convertido en algo aún menos soportable. Incluso digo “a secas” porque considero que no tenemos ningún derecho a usar otra expresión. Solo precisan nuestro respeto y no nuestra comprensión, ni mucho menos nuestra tolerancia. Creo que deben de pensar que toleremos a nuestra madre. Pero en ese momento estaba convencida de que algunas cosas no cambian. Con ese culo y esos hombros, o se es marica o se está casado. No existen más posibilidades. Así que cuando lo veía llegar a las clases de yoga, el único hombre entre tanta fémina a esas horas de la tarde, observaba cada uno de sus movimientos ―perfectos, sinuosos, increíblemente acompasados― siempre con mucho disimulo, para que no se me notara demasiado, pero sin perderme ni uno y esta situación de abstracción solía llevarme a abandonar mi estado normal de equilibrio y a torcerme un tobillo, que ni era ni sigue siendo una de las partes con mayor estabilidad ni gracia de mi anatomía. O bien, si por el contrario resultaba ilesa, me iba a casa con una sensación libidinosa parecida a la que alguna vez disfruté con quince años, mucho antes de estar casada durante toda mi adolescencia y parte de mi madurez. [...]"


(Inscrito en el Registro de la Propiedad Intelectual)

Comentarios

  1. Me gusta este fragmento, lástima aunque comprensible no poder leerlo entero.

    ¡Un saludo!

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  2. Amelia, me gusto mucho ese capitulo y me encantaría leerlo completo, me atrapo sencillamente.
    Además quiero preguntarte ¿Empezaste así, escribiendo en este blog?

    Por que me das esperanzas, me eche un clavado en la red y veo el éxito que tu libro tiene !felicidades! Admiro a las mujeres perseverantes como tú. Seguiré leyendo tus entradas

    ¿Me dejas tu correo para pedirte el archivo?

    Saludos!

    ResponderEliminar

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