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Por qué escribo


En estos momentos en los que me encuentro en pleno ataque de brainstorming conmigo misma y con cualquiera que me presta oídos, oséase, pensando cómo leches puedo hacer para llegar a publicar mis novelas, estoy también considerando por qué tengo que hacerlo. Hace un año, cuando tan solo le había dedicado algunos veranos a mi primera novela y aún no sabía lo que era sentarse ante el ordenador con una idea fija (escribir una escena tras otra, corregir y "recorregir"), no podía imaginar lo que significa en realidad escribir. Ahora sé que he encontrado mi droga. Si es verdad que cada personalidad tiene un medio de evaporarse entre las musas, la mía se evade al empezar a escribir. Y es una sensación tan fantástica que estoy deseando que los mochuelos se acuesten y mi contrario se enganche a una película para poder aislarme en las palabras. Por eso, llevo unos días pensando que publicar no debe ser el fin, sino el medio. Y así voy a tomármelo.

De mi primera novela, Escrita en tu nombre, aún me falta recibir la negativa de dos editoriales, Seix Barral y Alfaguara. El agente literario Joan Bruna, amabilísimo siempre conmigo aunque no tanto como para estar dispuesto a representarme, me dijo una vez que "escribo grande y que debía intentar publicar en editoriales grandes". También según él, esa novela "era mucho de Seix Barral". Así que probé en algunas grandes que ya me han rechazado, como la editorial de la recientemente estrenada bestsellersista María Dueñas y alguna otra más, y de esa tirada de cuatro o cinco envíos me quedan tan solo dos por contestarme, más la de uno de los editores con los que más me gustaría publicar pero que está ligeramente indispuesto. Así que ahí estoy, probando, aunque puedo decir que ahora mismo no tengo demasiadas esperanzas de que en una semana, que es lo que falta para que transcurran los cuatro meses que me dijeron en Seix Barral que tardarían en darme una respuesta, me den la que me gustaría. Y por eso estoy dándole vueltas a por qué escribo.

Pues bien, escribo porque lo necesito, porque inventarme otros mundos me obliga a pensar en este e intentar entenderlo, porque vivir la vida ficticia de otros me lleva a valorar más la mía, porque comprender a los personajes que creo como para conseguir que a otros les parezcan verosímiles me lleva a ponerme en el lugar de las personas de verdad, con quienes me relaciono cada día, a verles tal como son y no como me gustaría que fueran.

Porque la vida, después de haber aprendido a escribir una buena novela, se me muestra más real.

Escribiendo te das cuenta de que los temas fundamentales son siempre los mismos: el amor, la vida y la desigualdad. Escribir es psicoanalizarte y es vivir más plenamente y eso me basta para seguir haciéndolo.

Pero también falta otra parte. Ya sé lo que es que un lector te envíe un mensaje cada diez minutos para decirte entusiasmado que uno de tus personajes ha hecho tal cosa que le ha dejado alucinado y que te anime a que escribas más, a que no lo dejes, porque le has hecho sentir algo especial. Por eso debo seguir intentando meterme en ese mundo ilógico y nebuloso de las editoriales. Aunque también sé, que si no consigo entrar en él, algún día publicaré en Internet. Porque que lean tus novelas es igual de emocionante aunque no te paguen por ello.

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