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MANUAL DE SUPERVIVENCIA PARA AUTORES PRIMERIZOS


De mucha ayuda si comienzas a escribir:

Elena Ramírez, directora editorial de Seix Barral
El Escorial, Julio 2008

El título de esta ponencia anuncia una promesa que no sé si es posible cumplir: facilitar las claves para que el autor que comienza pueda sobrevivir ahí fuera. La osadía del intento se basa no tanto en la posibilidad de aportar soluciones infalibles, sino en la compartir con vosotros experiencias ajenas que puedan bien iluminar el camino, bien haceros sentir menos solos.
El proceso de escritura es necesariamente un proceso solitario, y la cultura del mercado, de la información y la comunicación en que vivimos inmersos es obscenamente pública. De la confluencia de estos factores surgen conflictos que influyen necesariamente no sólo en la visión que el escritor tiene de sí mismo, también en la que el público tiene de la figura del escritor; en la visión que el editor tiene a la hora de seleccionar lo que publica, o en el poder absoluto del mercado al establecer las reglas de la selección natural en el medio literario. La relación entre el escritor y el mercado está establecida en términos, por visualizarla de alguna manera, de lucha de poder. Hablamos de David contra Goliat.
Lo que viene a continuación son diez consejos para sobrevivir a esa pelea.

Primero: Lee
Lee mucho. Lee todo lo que puedas. Lee en la mayor variedad de idiomas posible. Lee la mayor variedad de géneros posible, especialmente si estás escribiendo o planeas escribir un género concreto. Dice Antonio Muñoz Molina que cuando un escritor dice admirar mucho a un maestro se admira y vindica por su mediación a sí mismo. Es bueno admirar a aquellos de cuyas virtudes carecemos. Es bueno leer a aquellos que dominan lo que nos supera o bloquea.

Segundo: Escribe un buen libro.
¿Tengo algo que contar? ¿Sé cómo contarlo? Parece baladí pero creo necesario comenzar por el principio. La novela, los poemas, el cuento que uno tiene en la cabeza o entre las manos ha de ser realmente la arena, el campo de batalla en el que os dejéis la piel, frase a frase, palabra a palabra. Llenar 150 páginas de texto y poner el punto y final a una historia es un triunfo, es ganar la lucha contra el Bartelby que llevamos dentro, pero no es garantía de haber escrito un gran libro, ese que pueda abrirse camino entre los 200 que llegan a una editorial al cabo de un mes, entre los 60.000 que se publican al año.
Decía Giulio Einaudi que "un buen libro –sea novela, ensayo o poesía debe involucrar al máximo la inteligencia y la sensibilidad del lector. Cuando en un libro, de poesía o de prosa, una frase, una palabra, te traslada a otras imágenes, a otros recuerdos, provocando circuitos fantásticos, entonces, sólo entonces, resplandece el valor de un texto. Al igual que un cuadro, una escultura o un monumento, ese texto te enriquece no sólo en lo inmediato, sino que te transforma en la esencia".

Tercero: Encuentra tu voz y apuesta por ella.
No sé si es posible definir en qué consiste buen libro, pues cada ejemplo encuentra inmediatamente su contrario cuando hablamos de literatura, pero si hablamos de autores primerizos hay que saber que lo que hace bueno un libro no es necesariamente la sinceridad (llueven manuscritos "confesionales", soy un escritor que ha publicado su primera novela, soy un hombre casado liado con su secretaria, soy un adolescente incomprendido que sueña con disparar contra su maestro o mi familia está loca pero nos queremos), no es necesariamente la impostación (abundan también los "imitadores" de autores de éxito… hace un par de años no paraban de llegar a la editorial novelas o cuentos con catedrales, manuscritos olvidados o famosos personajes históricos como protagonistas, Dalí, Gaudi, Dickens, Kafka…) Y fijaros, tampoco la "verdad" hace un buen libro. Este es un error muy común, creer que la verdad convierte lo que se cuenta en escritura de calidad. Decía Ricardo Menéndez Salmón en una entrevista recientemente "no creo que la verdad sea territorio del novelista. Cuando escribo mi territorio ha de ser la verosimilitud, no la verdad". A veces, al rechazar un manuscrito me responde el escritor al que se lo he devuelto muy indignado: ¡¡ Pero si lo que he escrito es verdad, que lo vivió mi abuelo!!
Tenéis que estar bien seguros de que os jugáis algo de vosotros en lo que escribís, y la única forma posible de transmitir ese vértigo al lector es a través de una voz propia. Aquí tenéis dos excelentes ejemplos de ello, Juan José Millás y Ricardo Menéndez Salmón. No se parecen a nadie, y sin embargo sus obras son grandes cajas de resonancia de otras voces.

Cuarto: Vende tu idea.
Regreso a un punto que parece obvio, pero que en muy pocas ocasiones se cumple. Recuerda que el primer lugar donde ha de batirse tu obra es en la editorial, en una agencia, o en la casa de un conocido o un admirado escritor al que le has enviado tu original. Tu "carta de presentación" es laprimera impresión; el arranque y final del manuscrito son catas obligatorias…, sí.. lo vamos a hacer, vamos a "mordisquear" para ver qué hacer con el envío: leer nosotros, darlo a leer a un informante, dejarlo caer sin leer más que 15 páginas… Muchísimas veces a las editoriales o agencias llegan manuscritos realmente asombrosos por el descuido formal (faltas de ortografía, mala encuadernación o maquetación) o la poca autoexigencia con que son empaquetados y enviados (la semana pasada llegó un aviso para ir a recoger el envío de un espontáneo, que es como llamamos a los autores que envían espontáneamente sus obras, a una oficina de correos, previo pago del importe correspondiente). Pensad que tenéis un disparo, y ese disparo ha de llamar la atención sobre vosotros, sobre el libro, hacer que uno se interese en meter la nariz. He recibido manuscritos con cartas de presentación llenas de faltas de ortografía, raras (esto no es necesariamente malo), insultantes, o retadoras que inmediatamente predisponen mal contra el libro.
Pensad también que ante la duda… mmm este original me ha gustado pero tengo dudas… hay factores que pueden ayudar a tomar la decisión final. ¿Quién eres?, ¿qué edad tienes?, ¿de qué va tu novela muy brevemente?, ¿has escrito algo más?, ¿tienes previsto hacerlo?, o si no quieres facilitar tanta información, ofrece tu disponibilidad para hacerlo. ¡Hay manuscritos que llegan sin datos de contacto!
Hay varios caminos. Enviar el original a editoriales; enviarlo a agencias literarias; enviarlo a algún contacto con acceso a un escritor conocido o admirado que pueda hacerlo llegar con su recomendación a una editorial (como hizo Millás con Sueños itinerantes, de Irene Zoe Alameda, que publicamos en Seix) o bien que pueda ofrecer un buen consejo (así sea entiérralo en un cajón), o explorar las vías que hoy en día ofrece la red, donde se van creando nuevas plataformas como Lulu, un foro comercial de contenidos digitales que permite comercializar las obras en la red. También hay muchos, muchísimos premios en España, grandes y chicos, nacionales y locales a los que poder enviar el original. Hay guías, recuerdo ahora una de Fuentetaja, con todos organizados por distintos índices, y en Internet hay mucha información. En Estados Unidos existe una vía de entrada que en España no goza de tan buena salud, desafortunadamente, y es las revistas literarias, un soporte extraordinario donde Cheever, McCullers, Hammett… o Lorrie Moore por citar unos pocos entre muchísimos, pudieron comenzar a publicar sus piezas.

Quinto: Acepta una negativa
Mucha gente no responde a estos envíos. Tanta esperanza, tanto tiempo invertido, tanta ilusión, y no obtendréis respuesta en dos de cada tres envíos. Creedme, la no respuesta es una respuesta. Otras veces, sin embargo, recibiréis una carta más o menos amable escudada en el "no encaja ennuestra línea editorial", "no busco nuevos clientes" en el caso de una agente, o bien "le deseo mucha suerte" en el caso de un autor. No exijáis una aclaración. Poner contra las cuerdas a quien ha dado una respuesta amable no conduce a ningún sitio, a ninguno más allá de poner ambos en una situación comprometida. No exijáis un informe de lectura, pues son herramientas profesionales de uso interno, y en modo alguno el editor, el agente, el profesional o el amigo tienen obligación alguna de dar explicaciones. Me he visto con algún autor enfadadísimo cuando he caído en a debilidad de explicarle con respecto y cariño las faltas de su texto. Parece obvio lo que digo, pero hay muchas cartas, y muchas llamadas "exigiendo" una explicación, un informe. No hay muchas, sin embargo, pidiendo algo tan sencillo como un consejo, algo mucho más fácil de obtener.
No obstante, a veces hay que saber cuándo hay que guardar algo escrito en un cajón y volver a intentarlo de nuevo.



Sexto: Persevera
Son muchos los motivos para rechazar un original en una editorial, y por inverosímil que parezca no siempre están reñidos con la calidad de la obra enviada. El editor tiene 40, 45 disparos al año, libros por publicar, y con los que, lamento decirlo, hacer dinero suficiente para poder seguir en el negocio. Esto no quiere decir que toda decisión deba ampararse en criterios económicos, en modo alguno, pero ha de haber un equilibrio entre los criterios literarios y los criterios de negocio para contratar un libro. El editor, ante un libro, ha de tener en cuenta: la excelencia de la obra, el perfil de la editorial: presente e histórico; el equilibrio en un presupuesto (ser buen gestor, si no estará perdido); el equilibrio en un mapa proporcional de tipología de autores, de géneros, de lenguas... y tantos ítems como quiera un editor (no es recomendable, por ejemplo, publicar en un mismo año tres novelas sobre un manuscrito enterrado, o cuatro de autores chinos, o siete de autores que comienzan). También hay Mr Magoos, ¿eh?, de grandes cegueras están las editoriales llenas, acordaros del primer volumen de El tiempo perdido. En busca de Swam fue rechazado por Gallimard porque Gide leyó "las vértebras de su frente" y no quiso seguir leyendo, después Proust pagó su propia edición en Grasset, y Gallimard tuvo que pagar bien caro el segundo tomo.
Persevera, persevera, persevera, no te desanimes. Mirad J. K. Rowling, la autora de Harry Potter, fue rechazada por infinidad de editoriales, o McCourt, el autor de Las cenizas de Ángela, o Catherine O' Flynn, rechazada este año pasado por 15 editoriales y otras tantas agentes en Inglaterra hasta que la publicó una pequeña editorial escocesa… ha ganado una lista bochornosa de premios este año y ha arrasado en cuantos países han publicado ya su primera novela, Lo que perdimos, que Seix publicará en 2009.

Séptimo: No hagas de la escritura tu única profesión.
Ya lo has conseguido. Una editorial quiere publicar tu libro. En tu cabeza Zafón. ¿Qué ganará ese tío? Y la editorial te ofrece una cantidad de dinero que no te da ni para comprarte un ordenador nuevo. ¡Joder! ¡Pero si he dejado mi empleo para volcarme en esto!, ¡si gano más como traductor, o vendiendo pizzas! (que ya es decir). Decía T. S. Eliot que un escritor ha de tener una segunda profesión, no puede hacer de la escritura su profesión, al menos al comenzar su carrera, él era editor en Faber and Faber; Cesare Pavese o Italo Calvino lo fueron de Einaudi, y teniendo la visión de los dos lados, la del escritor y la del editor, siempre opinaron lo mismo. De nuevo hay contraejemplos, Faulkner decía que escribía exclusivamente para ganarse la vida. Pero otorgar a lo que escribes y al azaroso comienzo en la carrera pública de un escritor la responsabilidad de dar de comer a toda la familia es suficiente para ahogar cualquier espontaneidad creativa. Decía André Breton que la libertad sólo es posible si escribir no es una profesión. Y es la misma idea.
Eduardo Mendoza comenzó a publicar en 1975 La verdad sobre el caso Savolta, y no dejó su empleo en las Naciones Unidas hasta el 90. Millás recuerda bien el momento en que saltó sin red y dejó su trabajo en Iberia, fue mucho después de haber publicado varios libros. No, lamento decirlo, escribir al comienzo no da para vivir. La semana pasada me reunía con un autor que ha publicado un libro con mediocre fortuna. Decía tener una buena ida para la próxima novela, y al interesarme aseguró que sólo se sentaría a escribirlo por una considerable suma de dinero, al mejor postor. Si no, dijo, no me vale la pena. Es muy posible, le dije, que no le valga la pena a nadie.
Considera cuál es la prioridad en cada momento de tu carrera, y no te hagas líos.

Octavo: No escuches a la crítica.
Te ves en televisión respondiendo entrevistas, viajando por el mundo, vienen a tu mente el glamour de Paul Auster, el éxito de Reverte, la pasta de Zafón. Y zas. Tienes unas poquitas críticas en el mejor de los casos (mejor que ser ignorado!!), varias buenas, dos tenues y una mala. La mala te hunde. No sé si la crítica ha sabido alguna vez apreciar lo nuevo, lo vanguardista y diferente. Hay quien dice que los catedráticos han ocupado hoy en nuestro país el lugar de los críticos de antes, sin sus recursos. No me pondré catastrofista, porque en Internet hay hoy blogs, como el de Vicente Luis Mora, pero no sólo, donde se está haciendo una crítica extraordinaria. Seamos sinceros, lo importante de una mala crítica es cuánto espacio tiene el libro, si la crítica lleva foto, la visibilidad. Hay libros que fueron demolidos por los críticos en su día que con el paso del tiempo son alabadísimos por la profesión, alguno de Juan Marsé, o alguno de Millás, recuerdo, tuvo tibias respuestas por parte de la crítica que lamentaba que no hubiera vuelto hacer sus obras maestras del principio, ¡¡que en su día acogieron con recelo!! O qué me decís de una buena crítica. Puedes ser igual de letal que una mala. Muchos escritores no han sobrevivido literariamente a una acogida excelente, como Juan Rulfo, o Rafael Sánchez Ferlosio que tardó 15 años en volver a publicar tras El Jarama. Rosa Montero dice que jamás lee sus críticas. Es una forma muy saludable de seguir tu propio camino.

Noveno: No escuches al mercado
Decía Baudelaire que "Los modernos se contentan con poco". Es una variante de "cualquier tiempo pasado fue mejor". Ahora sólo se publican porquerías, dicen unos. ¿Qué sitio queda para nosotros en el mercado del best-seller simplón?, dicen muchos que comienzan con un afán más literario y una escritura destinada a un mercado minoritario. ¿Está la venta reñida con la calidad? ¿Es la no venta síntoma de excelencia? Decía Antonio Muñoz Molina en un artículo excelente publicado en El País que "el que una obra de arte tenga éxito dice tan poco sobre ella como que no tenga ninguno… Hay grandes obras consideradas clásicos literarios hoy en día que en su día gozaron de reconocimiento popular; hay autores enormes que no tuvieron reconocimiento en vida como Stendhal, hay novelas magníficas que seducen a millones de lectores, Lolita, Bella del señor, Anna Karenina, y su número no es inferior a las de novelas infames que fracasan". No mires, pues, al mercado, sino como mero espectador. Ojo, o hazlo abiertamente. El autor profesional de best seller me merece un respeto tremendo. Donde las cosas chirrían es en quien hace lo uno creyendo merecer el reconocimiento de lo otro, o viceversa.

Décimo: Planifica, resiste.
"Escribir es resistir", decía Rosa Montero. "La tenacidad es más necesaria que el talento", añade. Si no se rinden, antes o después los buenos escritores consiguen publicar, pero después les esperan nuevos despeñaderos. Es cierto. Cuenta Pere Gimferrer que Mario Lacruz, predecesor mío en Seix Barral hace unos años, que cuando un libro de un autor no ha tenido éxito de ventas, hay que seguir apoyándolo sin dudar, si después del segundo libro sigue sin haber resultados es cuando hay que tomar una decisión. ¿Cuántos autores no han desaparecido del mapa después de haber publicado dos novelas, tal vez incluso con buen reconocimiento crítico? Dice el escritor y editor Adolfo García Ortega que la vida es una vuelta ciclista, resistir es la clave, pero también la estrategia. Hoy en día algunos editores no pueden dar esa segunda oportunidad de la que hablaba Mario Lacruz. Retomo el tema de los anticipos. Si un editor ha pagado una suma disparatada por una novela de un autor primerizo no tiene recursos para avalar la inversión en una segunda habiendo perdido una cantidad importante de dinero. Recordad cuántos libros había publicado ya Javier Marías antes de tener reconocimiento, sobretodo en España, y como él muchos otros.

En definitiva, traigo a modo de conclusión un consejo de Doris Lessing que resume este manual: "Aprende a tener fe en tu propio juicio, a adquirir independencia, a confiar en que el tiempo dirá lo que es bueno y lo que es malo, incluso lo que hay de malo en ti. No prestes atención a las modas literarias, porque las verás cambiar, a veces de la noche a la mañana. Recuerda que el crítico que te rechazó con desprecio, si el libro llega a ser un éxito, te saludará cinco años después con entusiasmo". Recuerdo que Juan José Millás fue durante mucho tiempo una "joven promesa", y un día, no sé si yo me despisté o sucedió realmente así, comenzó a llamársele autor consagrado. Es un ejemplo excelente de que algunos de los consejos expuestos en este manual pueden hallar su recompensa. David contra Goliat.

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