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La posmodernidad y otras modernidades

Es curioso. Hace poco que descubrí lo que significa esa palabra. Posmodernidad. No podía imaginarme que nací más o menos cuando concluía uno de los períodos de mayor convulsión de la humanidad, la modernidad, el tiempo en el que surgió el Romanticismo, el de Schiller y su Marqués de Poza, y que alienó el mundo occidental desde el XVIII hasta justo cuando yo estaba naciendo. Claro, nada tiene que ver. Pero resulta que la mayoría no lo sabe, no sabe que los ideales ya no valen, que nada vale, que no tenemos ni siquiera metarrelatos que nos "pongan en valor" ¿Qué leches significa eso? Es la jerga de los políticos que se inventan hasta un lenguaje. Qué más da, si preguntas por la calle, solo uno de cada 300 sabrá lo que es lo uno o lo otro.

Y entonces es cuando me pregunto si seremos capaces de volver a encontrarnos, ahora que la televisión es el opio del pueblo y ya parece que no necesitamos más que a princesas que digan "no me sale del coño". Me pregunto si merecería la pena que vinieran otros Schillers que formularan nuevos ideales o si lo que va tocando ahora es cambiar incluso el concepto de ideal, para darnos cuenta de que ha llegado la hora de ser pragmáticos y empezar a pensar en lo práctico. Quizás lo que toque es darse cuenta de que ya vale de ideales y de que debemos pensar en sobrevivir, en cuidar el planeta, en cuidar el agua, en buscar salidas para África, en vivir el grito de Egipto como algo que nos afecta a todos, en definitiva, en dejar de mirarnos el ombligo.

Y entonces es cuando miro alrededor y veo que qué mas dá todo eso si en realidad lo que manda en el mundo es el dinero. Y siempre lo seguirá haciendo. Vaya tontería, amanecer un día pensando que los ideales han muerto y que lo único vivo es la pasta. Es solo un pensamiento, pero últimamente algo me hace confirmarlo cada día. Ya tenemos el ideal, ser Belén Esteban, y a mucha honra, que no le quito el valor de haberse sabido ganar bien la vida. Pero, ¿hacia dónde nos lleva a los demás eso?

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