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Textos varios: Mafalda



1. LA COCINA DE MAFALDA
Para ser una niña-cómic destinada a promocionar a través de mensajes subliminales una gama de electrodomésticos con la que debía compartir la inicial de su nombre, la M de Mansfield, Mafalda ha dado mucho de sí.
Nació en la década de 1960, cuando su autor, Joaquín Salvador Lavado (denominado Quino, para distinguirlo de su tío homónimo), ya lleva más de una década dedicándose profesionalmente a lo que deseó desde pequeño, a dibujar, en un mundo inmerso en infinidad de cambios sociales, políticos y culturales, que afectan a los cimientos de las ideas y las personas; con EE.UU. en plena política intervencionista, Kennedy tiroteado poco tiempo antes y la agitación negra latiendo y a punto de estallar ante el inminente asesinato de Luther King; con América Latina abatida por golpes militares, en la Cuba de Castro y Che Guevara, y con Argentina, país originario de su autor, entrando en un período convulso que culminará la próxima década en el sombrío Proceso de Reorganización Nacional; donde se cuece la Guerra de los Seis Días entre Israel y Egipto; que asistirá en breve al Mayo francés; apenas habiendo puesto el pie en la era espacial y esperando ponerlo sin tardar también en la luna.
Mafalda surge justo en ese momento y es como es precisamente por eso, porque se ve sumergida de lleno en un contexto que su autor cuestionará y criticará a través de ella durante toda su existencia como dibujo, no demasiado larga en realidad aunque infinita en su “subliminalidad”, hasta que diez años después de haberla dado a luz, Quino llega a sentirse incapaz de no repetirse y deja de intentar despertar conciencias, aunque lo siga haciendo cada vez que alguien la reencuentra.
Este personaje creado “nena” de forma expresa porque, en el momento de su nacimiento, los movimientos de liberación femenina estaban en la ebullición de una lucha que aún no ha concluido ni tal vez concluya nunca, odia la sopa, como se odia al autoritarismo de lo que se aguanta por imposición, y tiene amigos chiquitos como Libertad, porque si existe ese autoritarismo que ella tanto odia, la libertad también ha de serlo.
2. MAFALDA ANTE LOS DERECHOS HUMANOS: EL DIBUJO
La caricatura que analizamos es simple. Lo que más impacta inicialmente es la desproporción: la pequeñez de la tierra ante la gigantez de la figura de la protagonista. Ella es descaradamente grande frente a un globo terráqueo que tiene la altura de un niño. Se invierten los papeles: Mafalda actúa de adulto para recriminarle a un mundo que hace de infante que recupere la dignidad que supone respetar al otro y refuerza el mensaje con la postura adulta de reprimenda, con el dedo amenazador que mueve arriba y abajo en un gesto que solo usan los mayores cuando riñen a los pequeños.
Y para reforzar la esencia del dibujo, Quino usa un símil muy eficaz en el texto, que apela a las creencias más profundas. Independientemente de las ideas religiosas de cada uno, todos reconocemos en los Diez mandamientos las normas básicas de la humanidad. Al recriminar que tampoco se cumplen, se refuerza el mensaje. Consigue así Quino una imagen muy efectiva, que llega al receptor a través de varios frentes y que logra sin duda despertar su sensibilidad.
3. EL HUMOR HUMANISTA DE MAFALDA
Mafalda nace para protagonizar anuncios subliminales y termina siendo un icono igualmente subliminal del tipo de humor que interesa a su creador: “sintético, sin texto, directo, con una gran dosis de surrealismo pero, sobre todo, completamente alejado del humor costumbrista … todo esto mezclado con una punzante crítica al militarismo, al poder, al oscurantismo y una profunda sensibilidad social” . Sueña con la paz mundial y el respeto absoluto de los derechos humanos. Solo tiene seis años, puede soñar lo que quiera. Desde su mirada de niña, nos hace también niños y desde su estatura de un metro consigue que nuestros juicios de adultos se cuestionen si la realidad que hemos asumido como normal puede que tal vez no lo sea tanto. Es su visión infantil pero harto irónica y crítica, tanto más cuanto proviene de una niña, la que nos obliga a replantearnos los esquemas idealizados y asimilados. Y ese es el objetivo del dibujo que se comenta: despierta la sensibilidad dormida porque da la vuelta a una visión asumida del mundo.
Mafalda demuestra un espíritu crítico sobre todas las facetas de la condición humana y se pregunta el sentido de la vida. Pero si el personaje no hubiera tenido seis años, su mensaje no habría llegado de forma tan directa; se habría omitido por su obviedad. Al emitirlo un niño, al que los adultos no consideramos igual a nosotros por su inmadurez y por la prepotencia que nos confiere esa supuesta superioridad, se nos coloca un espejo delante que en ese momento comenzamos a ver y, al ser capaces de mirarnos a nosotros mismos, nos preguntamos si no estaremos equivocados. Esa es la genialidad de Quino y el interés de toda la serie de dibujos de Mafalda, que no olvidó nunca su cometido inicial y continuó utilizando su rechoncha percepción para despertar sensibilidades, pero de una forma subliminal: “por debajo del umbral de la conciencia”. No es la crítica política la que nos provoca la sonrisa, sino el humor que practica Quino, profundo, humanista, que nos obliga a exteriorizar una mueca de reflexión.

Comentarios

  1. Me gustó mucho este documental de mafalda, todo de ella me parece divertido.

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  2. muy lindo el mensaje que nos refleja esta imagen, ojala reconociéramos las normas básicas de la humanidad.

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